lunes, 23 de junio de 2014

EL DÍA QUE EMPECÉ A SENTIR LA VIDA


El día que empecé a sentir la vida fue el día en el que comprendí que sólo de mí dependía mi propia felicidad. Advertí que la felicidad es un estado del alma, un nivel determinado de conciencia. Nada que se encontrara ‘fuera’ de mí, sino dentro. Y aprendí que no necesitaba a nadie para ser feliz, pero que, sin embargo, el sentido de la vida es compartir, por lo tanto, no merece la pena vivirla en solitario. Y también supe que los apegos a determinadas cosas terminan siendo causa de infelicidad y dependencia… y que cuantas más cosas tenemos, menos las valoramos y más necesitamos. Y que las carencias, en las que solemos enfocar nuestra atención y que tanto nos deprimen y limitan, no nos hacen otra cosa que más vulnerables y autocompasivos.

Ese día aprendí que las grandes metas y ambiciones sólo nos llevan a competir con otros y eso no da la felicidad. Conlleva estrés, ansiedad y, a la larga, múltiples frustraciones. Comprendí que la auténtica felicidad se halla en las cosas sencillas: una conversación, un paseo… nada complicado. En realidad, me di cuenta que vivir es como un juego que ni siquiera requiere una estrategia. Supe que al ser honesta conmigo misma también lo soy con los demás, y creo que merece la pena. Hay tanto que aprender y tanto por lo que luchar… Ese día entendí que el amor es el camino y el orgullo una barrera. Que cuando apoyas a alguien y lo animas a seguir, lo engrandeces. Y cuando haces algo positivo por alguien debes saber que eres el/la creador/a de una cadena, porque tendemos a imitarlo todo y, tarde o temprano, aquellos a quienes hiciste bien predicarán con el ejemplo.

El día que empecé a sentir la vida me di cuenta que no necesitaba entender muchas cosas. Que, a veces, con saber poco es suficiente… pues lo que sobra suele ser desperdiciado. Y me di cuenta que ya no tenía que vivir tan angustiada, que estoy bien, que he llegado hasta donde tenía que llegar, que ha merecido la pena. Y ahora paseo más y disfruto del trayecto. Ahora incluso veo paisajes que antes no veía. Mis injustificadas preocupaciones y obsesiones eran el centro del mundo, nublaban mi visión y no dejaban paso a nada más. Y la felicidad, que vive dentro de cada uno, luchaba impotente por resurgir. Como la enredadera que tiende a crecer, aferrándose a la vida. Si lo encuentra en su camino, esquiva el obstáculo pero no se detiene. Sigue su crecimiento hacia otro lado. La naturaleza misma nos enseña con su ejemplo a ser constantes, pues ella nunca se rinde. Y a veces ocurre que el único problema que tiene el ser humano, los únicos ‘obstáculos’ con los que se encuentra, sólo están en su mente, no es nada físico. La felicidad, que no es otra cosa que un estado mental, siempre está ahí… en cada ser, como un don natural.

Me di cuenta que la vida es jueza, abogada y acusación particular al mismo tiempo… dependiendo del camino que tomas. Si no nos presentara ciertos retos de vez en cuando, el juego que nos plantea a diario sería aburrido y monótono. Terminaríamos inmersos en una desesperante ociosidad. Hay que atreverse a vivir la vida, plantarle cara, aceptar sus retos. Nadie dijo que sería fácil ni tremendamente divertido. Precisamente por eso, porque la vida se improvisa a cada paso, porque no sabemos qué va a ocurrir en el minuto siguiente… debemos aprender a afrontar cada situación. Si no nos queda más remedio que representar nuestro papel, seamos los protagonistas de nuestras vidas y aprendamos a improvisar.

Aprendí también que cuando se hacen las cosas desinteresadamente el universo entero conspira en tu favor brindándote su ayuda. Sus bendiciones te llegan por cualquier otro lado. Y supe que actuar sin esperar nada a cambio es la mayor garantía de satisfacción. Porque si no esperas nada, no hay frustración. Nada puedes reprocharle de quien nada esperas. Por eso hay que dar, por generosidad y de corazón. Y si se recibe… si se recibe se debe ser agradecido porque no se esperaba nada a cambio. Ése es el secreto de la felicidad. Sólo viviremos plenamente cuando dejemos de buscar protagonismo y la aceptación ajena. No hacen falta esas cosas cuando sabemos bien quiénes somos. Ésa es la fórmula.

El día que empecé a sentir la vida aprendí que se brilla mucho más cuando te centras en realzar los aspectos positivos de otros, sus habilidades, sin llegar a ser servil. Porque para ‘crecer’ no es necesario pisar a otros, ni se ‘brilla’ ocultando otras luces... No, no es ése el camino. Lo único que nos ensalza como personas es la humildad. Así es. Si quieres ser grande, sé pequeño. En el mundo que habitamos casi nada es lo que parece y casi todo está al revés. Es parte del juego. Sé pequeño, ayuda al que te necesita y serás el más grande de todos… pero no tengas la pretensión de ser grande. Simplemente sé.

Somos excelencia antes de nacer. Yo misma, una persona normal y corriente, fui una gran idea en la mente de mi padre. Una esperanza. Yo fui un deseo, un pensamiento inamovible años antes de nacer. Antes, incluso, de coger forma ya se me idealizaba… No puedo ahora traicionar ese deseo, esa esperanza, esa ilusión cayendo en el desánimo. Por eso me alegro tanto de que haya llegado el día del despertar: he dejado de quejarme para empezar a sentir la vida. De verdad. Y me doy permiso desde hoy mismo… permiso para vivir plenamente, permiso para equivocarme, para acertar… para ser feliz. Porque todo tiene un porqué y el principal sentido de la existencia es, simple y llanamente, ser. ¡Feliz verano!

domingo, 25 de mayo de 2014

'Elementos en Espiral' en el XX Aniversario de la Casa de Cultura de Pilar de la Horadada

 
          Tras la exitosa representación teatral de mi obra ‘El Maestro de Nazaret’ el pasado mes de abril en la Casa de Cultura de Pilar de la Horadada, quién me iba a decir que mi poemario, ‘Elementos en Espiral’, además de ser el detonante de una cadena interminable de presentaciones y actos literarios desde su publicación meses atrás, iba a ser el siguiente en desfilar por la alfombra roja del salón de actos del citado lugar arropado por los flases y los aplausos del público asistente. No puede haber nada mejor.
 
          Con motivo del acto conmemorativo del XX Aniversario del nacimiento de la Casa de Cultura, una celebración que resultó entrañable y emotiva a partes iguales gracias a la amabilidad e interés de los organizadores y de tantas otras personas que trabajan para hacerlo posible, aquellos que nos movemos en el ámbito literario pilareño asistimos a una nueva e ineludible cita con la literatura. Esta vez, el requisito exigido para poder participar en tan emotivo acto, es contar en nuestro haber con una obra publicada este mismo año. Cumplida la condición, allí nos congregamos Valerie Thunem, Diana Al Azem, Agustín Fernández Ros, Fco. Sánchez Lizón y una servidora. Ana Pomares, a quien echamos de menos, no pudo asistir por motivos personales.
 
          
          De esta manera, un año más, escritores amigos, jóvenes promesas literarias y dos versados lectores, tuvimos la ocasión de encontrarnos gracias a una efeméride muy especial que aunaba, en un mismo acto, el aniversario de la Casa de Cultura con la postergada celebración del día del libro y las actividades vinculadas a este día, como el fantástico homenaje a los autores locales y la entrega de premios y diplomas a los mayores lectores de la Biblioteca Pública Municipal (Maxim Ranchuk en la categoría de infantil y Mª Elena Trigo en la de adulto, por cierto), y a numerosos escolares del municipio cuyos relatos habían resultado seleccionados por su calidad narrativa. Animó la velada Gapdamoh, un grupo de baile muy sensual, y, para finalizar, proyectaron un vídeo que recogía en imágenes la presencia de la Casa de Cultura en el Pilar desde sus orígenes, así como los objetivos logrados desde entonces. El alcalde clausuró el acto agradeciendo a la directora, María García, su entrega y profusa labor con un bonito ramo de flores.
 
          Quisiera hacer hincapié en el papel fundamental que la literatura debería tener en nuestras vidas desde la infancia. La literatura… esa dama irisada que nos invita a soñar y nos ayuda a conquistar grandes metas, aparte de la capacidad que posee para evadirnos y ampliar horizontes. Ella y su habilidad de adentrarnos en universos infinitos, también abre puertas y muestra nuevos caminos. Y en lenguaje poético añadiría, dado que este escrito va dedicado a la poesía, que la literatura posee el don supremo de dar y repartir felicidad, de conquistar almas y expandir conciencias; la habilidad de adentrarse en los entresijos de la mente humana logrando, incluso, tocar nuestra fibra más sensible y los sentimientos más interiorizados. De todo eso y más es capaz la literatura… es importante que lo experimentemos desde muy jóvenes.

 
          Y, como os decía, en el acto del pasado día 7 de mayo tuve la oportunidad de presentar mi último libro, ‘Elementos en Espiral’, mi primera incursión en el género de poesía donde medio centenar de poemas que pretenden rendir un sentido homenaje a la galantería y el romanticismo, nos hablan de amor apasionado en fusión con los cuatro elementos clásicos de la naturaleza: AGUA-TIERRA-FUEGO-AIRE… Una combinación única, profunda y trascendental, de sentimientos, emociones y deseos.
 
          Metafóricamente hablando, en los poemas, el fuego sería imagen y arquetipo de pasión y deseo; el agua, el fluido vital para la existencia; el aire, lo invisible, los anhelos; y la tierra la fertilidad, la materia, la figura del ser amado… La espiral que cierra el título simboliza que estos conceptos no tienen fin, son ilimitados, como el mismo amor. Ya que el amor es el eje alrededor del cual gira y vibra todo.
 
          A modo de observación, decir que mi intención principal al escribir los poemas, lejos de la idea de escribir un libro, no fue otra que la complicada empresa de adentrarme en la esencia humana, la parte espiritual, los sentimientos… aquello que todos tenemos en común, puesto que la humanidad, en realidad, es una. Todos somos uno y necesitamos las mismas cosas para subsistir. El ser humano depende de los elementos que le rodean para vivir dado que se sirve de ellos constantemente… FUEGO-AGUA-TIERRA-AIRE. Sin obviar que, aparte de satisfacer sus necesidades vitales, también necesita AMOR. Amor para existir, amor para ser, amor para desarrollarse, amor para vivir la experiencia humana que tenemos, ya que nuestra esencia humana va más allá de lo material: somos una maravillosa conjunción de elementos, anhelos y sensaciones. Somos CUERPO, MENTE y ESPÍRITU. Somos parte de todo y del todo.
 
         
          El interior del libro recoge 12 extraordinarias fotografías de las muchas realizadas por Rafa Mellado donde la sensualidad y el arte se encuentran y conjugan magistralmente resultando en unas imágenes que conforman el binomio ‘naturaleza-ser humano’ como la auténtica unidad que es. Una servidora se prestó como modelo a la dirección del fotógrafo posando en aquellos escenarios que mejor recrean los cuatro elementos de la naturaleza… Esto es un resumen de todo lo que es y todo lo que encierra ‘Elementos en Espiral’.

lunes, 28 de abril de 2014

'El Maestro de Nazaret' puesto en escena


El sueño de todo/a escritor/a hecho realidad... mi 'Maestro de Nazaret' ha llegado al teatro. ¡Muchísimas gracias al maravilloso elenco de actores y actrices que lo ha hecho posible! ¡Sois los mejores! Mi eterno agradecimiento para vosotros/as.

lunes, 14 de abril de 2014

'El Maestro de Nazaret'... en Pilar de la Horadada


Cuando escribí ‘El Maestro de Nazaret’ no lo hice con la intencionalidad de escribir un libro, sino con la remota ilusión de ganar un concurso de narrativa breve que una editorial de Ponferrada organizaba desde un renombrado periódico de tirada nacional. Como la motivación para un escritor es algo tan fundamental como la imaginación, mi acicate fue presentarme al certamen con la finalidad de destinar el premio a una causa benéfica en el caso de resultar ganadora. Y así fue como mi primera novela empezó a coger forma…


Un mes más tarde, una llamada de la editorial renovó mis expectativas: aquel relato que había escrito, principalmente con el corazón, había quedado finalista. Y como sólo se vence a quien se rinde, aunque no había ganado, me quedaba la opción de apostar por la auto edición… una propuesta de la editorial tan inesperada y atractiva como costosa.


Si alguien me pregunta qué pretendo transmitir con ‘El Maestro de Nazaret’, mi respuesta es directa y sencilla. No se trata de una biografía más sobre la vida de Jesús. Los relatos evangélicos han dejado constancia del trato cercano y de compañía, de amistad, podemos llamarlo, que Jesús mantuvo con mujeres que le seguían y estaban con él. Es más, es una mujer quien le unge derramando un frasco de perfume sobre su cabeza y de la que el Maestro afirma solemnemente: “Os aseguro que en cualquier parte del mundo en que se anuncie esta buena noticia, será recordada esta mujer y lo que ha hecho”. (Mt 26,6-13) A partir de la lectura de este pasaje, tuve claro, como si de un mensaje espiritual se tratara, que debía escribir sobre la generosidad y entrega de aquella mujer. Paralelamente a esto, son variados los pasajes que recogen el trato que mantuvo con ellas: “Después de esto, Jesús caminaba por pueblos y aldeas predicando y anunciando el reino de Dios. Iban con él los doce y algunas mujeres que había liberado de malos espíritus y curado de enfermedades: María, llamada Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana, y otras muchas que le asistían con sus bienes.” (Lc 8,1-3) Y son las mujeres las que siguen junto a él cuando muere en la cruz, cuando es sepultado y cuando resucita: “Algunas mujeres contemplaban la escena (de la crucifixión)… que habían seguido a Jesús y lo habían asistido…” (Mc 15,40-41).


Y como el mayor de todos, es aquel que sirve a los demás, mi intención desde el principio fue esa: sacar del anonimato a una de esas mujeres dándole un nombre propio y dotándola de un rostro visible: Sarah. Ella nos da su testimonio de fidelidad y de amor hacia su Maestro. Por eso, ‘El Maestro de Nazaret’ habla de lealtad, sacrificio y emoción. No se trata de un auto religioso donde Jesús termina, tal cual sucedió, cruelmente crucificado. ‘El Maestro de Nazaret’ pretende ir más allá: habla de reconciliación, de resignación, conformidad, fe y esperanza. Habla de respeto hacia la figura y voluntad del Maestro. Y del digno trato que éste mantuvo con las mujeres y los más desvalidos, según los evangelios: cercano y compasivo, comprensivo y cordial… Dios hecho hombre.


Llegó la hora de la cosecha. La semilla fue plantada hace ya más de tres meses… y, por fin, tras largas horas de ensayo, tras incontables encuentros y toda la ilusión y concentración volcada en el desarrollo de un trabajo impecable, la obra de teatro ‘El Maestro de Nazaret’ ha cogido forma. Y significa todo un lujo y un honor para esta humilde servidora vuestra que una historia tan sencilla, pero sentida palabra por palabra, haya pasado a formar parte del patrimonio de la Semana Santa pilareña. No puede haber nada mejor.
 

¿Qué puedo decir a estas alturas que no haya dicho ya? Son incontables los sentimientos de sorpresa, emoción y gratitud que se han despertado en mí al ver el esfuerzo de tantas personas volcadas en llevar al teatro a mi ‘Maestro’. Quienes me conocen saben de mi enorme admiración y fervor hacia el estupendo grupo de actores y actrices que dan vida a la obra. Mi más sincero agradecimiento a quienes han colaborado, de una forma u otra, en su puesta en escena, difusión y publicidad. Gracias a todos por la ilusión, por la entrega, por tan buena actitud. Gracias a Ramón Buitrago por ser el precursor de la idea de pasar la novela a teatro. Gracias al director de la obra, José Antonio Navas, nuestro Jesús particular, por tanta entrega y pasión. A Mª Carmen Villaescusa por ser la presidenta de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades a quien se le ha hecho entrega de la obra, por su colaboración e interés. A Rafael Mellado por la excelente exposición fotográfica que estará expuesta hasta fin de mes en la Casa de Cultura y mediante la que colabora de la manera que mejor sabe hacerlo.
 

Quisiera terminar dedicando mis últimas palabras a Pilar López y a su brillante interpretación. Pilar da vida a la Sarah del relato de una manera tan real como espectacular, convirtiéndose, a mis ojos, en la verdadera Sarah de aquel Israel del Siglo I que se enfrentó con valentía y fidelidad a grandes y poderosos por el amor incondicional profesado hacia su maestro. El mismo amor que, a día de hoy, sigue manifestándose a través del cuerpo, la inteligencia y la belleza de nuestra estelar actriz. Gracias Pilar por darlo todo y por tanto recibido.

Fotos: Rafa Mellado

sábado, 12 de abril de 2014

EL MAESTRO DE NAZARET... EN ESCENA



Entrevista de TvHoradada a Rafael J. Mellado donde el genial fotógrafo habla de los ensayos, de su fantástica exposición de fotos y de tantas otras anécdotas relacionadas con la obra 'El Maestro de Nazaret' que se representará esta tarde en la Casa de Cultura de Pilar de la Horadada.

jueves, 20 de marzo de 2014

La intermitente levedad del ser


La vida, esa gran maestra que todos tenemos en común, nos enseña que la pobreza genera humildad y la sabiduría es amiga íntima de la naturalidad y la sencillez. Siempre ha sido así. Sabios de todos los tiempos dejaron sus reflexiones, proverbios y apotegmas, concebidos en el crisol de una imperante necesidad espiritual y evolutiva, en pro de la sabiduría y la excelencia humana. Logros y cualidades que sólo se alcanzan a través de la experiencia, la meditación y el conocimiento.

Sin embargo, querer abarcar todo el océano de sabiduría en una mente humana, es una tarea tan utópica como imposible. Tener una profunda experiencia con lo humano o lo divino no significa abarcar su contenido. No obstante, a lo largo de los tiempos, han sido muchos los que han tratado de monopolizar la verdad a través de una doctrina o filosofía, tratándose también de una tarea inane que ha dado comienzo a muchas guerras y conflictos, sobre todo, por falta de inclusividad y estrechez mental. No se puede limitar lo ilimitado.

Tales de Mileto, uno de los Siete Sabios de Grecia, nos dejó una sentencia de lo más sencilla pero certera: “Aprende y enseña sólo lo mejor”. Y así es, ya que la vida misma es la gran encargada de dispensarnos ocasiones de toda índole de las que poder aprender, brindándonos aquellas experiencias y lecciones que van dando forma a nuestro carácter. Y lo hace mientras va mostrando sus caras, unas más amables que otras, pero facetas todas de la experiencia, fantástica e impredecible, que es vivir.

La vida nos demuestra que la acción más valiosa es la que nace del desinterés. Y nos revela cosas elementales como la importancia de respetar la libertad propia y la ajena. Siempre ha sido así. La vida es aprendizaje… un aprendizaje constante a través de la cual, tarde o temprano, nos sobrevienen pruebas, obstáculos y vicisitudes a superar, pero también acerca a las personas adecuadas cuando necesitamos apoyo, y ocasiones de solaz y regocijo para compensar los malos ratos. Todo es experiencia y, por consiguiente, crecimiento. Ése es el asunto.

Cuando hablamos de vida, de sabiduría o vivencias, hablamos de muchas cosas que a algunos/as nos evocan recuerdos y nos acercan personas. Próximamente volveré a disfrutar de la compañía de mi inmejorable amigo Alberto Gil y, al hilo de lo que os hablaba, tendré una nueva ocasión y oportunidad de comprobar que el coraje de vivir significa superarse, no rendirse, no tirar nunca ‘la toalla’. Alberto Gil es un escritor ciego cuya historia ya conté, aunque muy por encima, en el pasado, cuando vino desde Madrid a presentar su libro de relatos a Pilar de la Horadada. El próximo mes de abril vuelve a la carga, viene de nuevo, desandando sendas y salvando toda clase de obstáculos y barreras, a regalarnos su arte y la riqueza de su presencia y experiencias.

Como decía, mi amigo es mucho más que un amigo, es un ejemplo a seguir, un estímulo por los valores que prodiga, encarna y representa. Su filosofía de vida es un canto a la superación y a la esperanza. Una de sus muchas frases célebres, por citar una, es: “Por los pequeños detalles se conoce a las grandes personas”. Y así es. Porque es su sencillez la que te engancha, lo que te conecta a él; como su humildad, cercanía y bondad que además de impregnarte y envolverte en ese mismo halo de optimismo y alegría que le caracteriza, te hace despertar, ser consciente que, entre dificultades y alegrías, debes luchar porque estás vivo/a… Y gracias a personas así, sigues caminando por este camino de vida… y te das cuenta que vale la pena. Y también te percatas de que no todo el que sabe, puede; y no todo el que puede, sabe… que tenemos la imperiosa necesidad de hacer de este mundo, desde ‘nuestro mundo’ particular que somos cada uno, un lugar más cálido y acogedor, como bien suele decir Alberto; aprendes que se debe huir de las adulaciones porque casi siempre esconden alguna clase de interés y son la mejor herramienta de manipulación que existe… y, en resumen, te vuelves más consciente de que vivimos en un lugar maravilloso en el que es una necesidad ser bondadosos/as, pero sin llegar a la servidumbre, puesto que muchos tratan siempre de aprovecharse de la buena fe de otras personas.

Me gustaría cerrar este artículo con una excelente frase del genial Charles Chaplin, la que creo que concentra en sí toda una filosofía de vida a seguir: “Cuando empecé realmente a quererme, me liberé de todo lo que no era sano para mí. Alejé de mí comidas, personas, objetos, situaciones y sobre todo, aquello que siempre me hundía. Al principio lo llamé egoísmo sano, pero hoy sé que eso es amor propio”. Este bien podría ser el principio fundamental para llevar una vida plena y consciente, pues el sentido y destino final de nuestra limitada existencia no es otro que llegar, en la medida de lo posible, a la perfección. Feliz primavera.

sábado, 15 de febrero de 2014

PROEMIO SOBRE EL AMOR

       En homenaje al mes de los enamorados por excelencia que, para quienes no lo sepan, no es un invento exclusivo de los centros comerciales, sino que su origen se remonta al Imperio Romano, concretamente, a un suceso acontecido allá por el Siglo III, dedico mi artículo a la magia fascinante del amor. Siendo emperador Claudio II, quien como “buen romano” aprobaba decretos según sus intereses y en base siempre a la exaltación y veneración de su propia figura, prohibió casarse a los jóvenes solteros y sin familia arguyendo que éstos, al prescindir de compromisos, eran guerreros idóneos que mandar a la guerra. A pesar de haber prohibido también el Cristianismo, en su incesante afán de pretender ser adorado como el dios supremo, topó con Valentín, un sacerdote que debió de considerar que éste era un decreto injusto y empezó a casar en secreto a las parejas jóvenes que así lo solicitaban… El emperador lo mandó ejecutar un 14 de febrero dando posterior origen a su onomástica, convirtiéndose así en un día simbólico para el amor y repleto de significado para los enamorados.
       Pero, ¿qué es el amor? En este mes de ilusión y, como decía, de magia y símbolos en forma de brillantes regalos, esplendorosas rosas, dulces bombones y bellas poesías, dedico mi espacio a indagar en las aproximaciones sobre el tópico del amor… ¿Qué es el amor? Cuando barajamos el amor como concepto, lo estamos identificando en común con nuestro pensamiento y emociones, ligándolo a algo concreto o a la imagen de la persona amada. Sí, sí, pero, ¿qué es? El amor se presta a sublimes definiciones y a encantadoras y románticas demostraciones pero, paradójicamente, el amor, como concepto, no puede ser pensado, pues, como producto de la mente que es, busca siempre ser egoísta y, ante todo, anda en busca de la certeza y la complacencia…
       ¿Qué es el amor? No es asumible mediante el pensamiento, pero se presta a demostraciones. Accedemos a su definición por negación (“no es ánimo posesivo”, “no tiene límites”…), y también mediante afirmaciones (“es generoso”, “perdona siempre”…), y de esta maravillosa dicotomía radica su principal fuerza y magnetismo. Como ya lo definiera el gran Lope de Vega, en base a los estados que provoca: “Desmayarse, atreverse, estar furioso/ áspero, tierno, liberal, esquivo/ alentado, mortal, difunto, vivo/ leal, traidor, cobarde y animoso/ no hallar fuera del bien centro y reposo/ mostrarse alegre, triste, humilde, altivo/ enojado, valiente, fugitivo/ satisfecho, ofendido, receloso;/ huir el rostro al claro desengaño/ beber veneno por licor suave/ olvidar el provecho, amar el daño;/ creer que un cielo en un infierno cabe/ dar la vida y el alma a un desengaño;/ esto es amor, quien lo probó lo sabe.”
       El ser humano ama con la mente, el instrumento catalizador de todos los pensamientos y emociones, pero si en verdad creemos que el amor es una matriz creadora, una energía vital y creativa que no responde a esos anhelos mentales que buscan el interés y la gratificación… entonces, es en verdad algo mucho más valioso e imponderable. Algo que va más allá del pensamiento, de una exactitud definible por nuestra mente o una consecuencia del sentimentalismo. Algo que aúna la riqueza de ser más demostrable que definible, convirtiéndose así en algo soberano y verdadero. Eso bien podría ser el amor…
       Palabra de grandes poetas y enamorados sinceros. Lástima que nuestra sociedad actual, tan consumista ella, invirtiendo totalmente su significado, tal y como acostumbra a hacer con casi todo, lo haya convertido en un reclamo, una excusa más para el consumismo y la comercialización de los más variados productos. ¿Qué es el amor entonces? ¿Lo que trata de vendernos la sociedad de consumo por todos los medios? Desde luego que no. El amor verdadero parte del desinterés hacia lo material. Nace de la sinceridad, la confianza y el honor. Porque hablando en otros términos, el amor bien podría ser entrega, bien podría ser un misterio para ser vivido, bien podría ser una ilusión compartida que, a la larga, suele dar mucho fruto… Sea como fuere, lo más importante no es darle una definición concreta, complicada empresa que sólo nos llevaría a aproximaciones. La mejor definición es demostrarlo. Pues como dijo Rayner Mª Rilke: “Amar es una oportunidad, un motivo sublime que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo, para volverse mundo”. Así es.