martes, 13 de enero de 2015

TECNOLOGÍA Y CIENCIA: CON CONCIENCIA


       Puesto que la edad fértil de una mujer coincide con el periodo de mayor productividad y exigencia en la carrera profesional, dos de las multinacionales más importantes del mundo han decidido incluir en la cobertura médica de sus empleadas la crionización de ovocitos, o sea, la posibilidad de congelar sus óvulos en el caso de que decidan retrasar su maternidad bajo esa misma premisa. Y una servidora vuestra, que aboga siempre a favor del buen uso de la ciencia y el bienestar del ser humano frente a otros intereses, y hasta puede permitirse el lujo de opinar en temas de reproducción asistida con conocimiento de causa, se ve obligada a retomar el tema que hace poco abriera un encendido debate entre partidarios y detractores.

       Por muy innovadora y atractiva que pueda parecernos la idea a simple vista, en realidad se trata de una alternativa que no está exenta de muchos inconvenientes. Por un lado, y quizás la parte más impactante para muchos, son los elevados costes que estos tratamientos supondrán para las empresas: unos 8.000 euros por el proceso de estimulación ovárica y posterior congelación de los ovocitos, más una cuota de 400 euros anuales por mantenimiento. Y por el otro lado de esta disyuntiva está la oposición de quienes intentamos defender los derechos de la mujer, apostando por una postura más realista, humana y sensata.

       Antiguamente las mujeres que tenían hijos a una avanzada edad ya solían contar con una prole más o menos numerosa y, lógicamente, no experimentaban el mismo deseo de ser madres que las que planifican su primer embarazo a esa misma edad. Pero la situación ha cambiado y las mujeres de hoy nos enfrentamos a una difícil decisión a la hora de elegir entre maternidad (familia) y carrera profesional (trabajo) e igualdad. Y aunque contamos con una serie de permisos y derechos en el caso de decidir embarcarnos en el gran acontecimiento que supone ser madre, también sabemos que una baja por maternidad suele gustar muy poco a las empresas. Y a los hechos me remito. Los datos estadísticos referentes a los nacimientos en los últimos 20 años hablan por sí solos: hay una importante tendencia general a retrasar la maternidad hasta después de los 30. Por eso voy a tratar algunas cuestiones importantes que las mujeres deberíamos tener en cuenta antes de posponer un embarazo por el motivo que sea.

       En primer lugar, no podemos obviar que la maternidad va unida al ciclo vital de la mujer y a partir de los 30 años se produce una importante y gradual reducción de nuestra fertilidad; de manera que, llegado el momento, podemos tardar en concebir o enfrentarnos a algunos problemas serios de infertilidad… puesto que, a fin de cuentas, la naturaleza es la que manda y la que siempre se impone y dispone. Podemos planificar un embarazo, pero la fecundación es un hecho que simplemente sucede, lejos de deseos, ilusiones y proyectos. Por lo tanto, en materia de concepción, ‘edad y fertilidad’ forman un binomio de vital importancia.

       Y en segundo lugar, es un hecho que vivimos en una sociedad cada día más ‘medicalizada’, más ‘artificial’ y con una peligrosa tendencia a postergar ciertas cosas, pero pocos saben que, a veces, tanto ‘avance’ puede ofrecernos más que ventajas, desventajas. Ahora, en nombre de uno de los grandes sectores que parecen regirlo todo, también nos ofrecen alternativas a la concepción natural, a destiempo y sin una necesidad real. La ciencia y la tecnología sólo son útiles si se utilizan con conciencia y siempre y cuando no se haga un uso irracional de ellas, como es el caso de las drogas sintéticas o el uso de la energía nuclear para fabricar armas, por citar dos claros ejemplos. Por esto mismo, cada avance (científico, tecnológico o de la índole que sea), suele acarrear consigo unos pros y unos contras a analizar. Seamos lógicos: cuando se tiene problemas de fecundidad reales, relacionados con quistes o porque la mujer vaya a ser sometida a algún tipo de tratamiento de radio o quimioterapia, o sea, ante el riesgo evidente de perder su capacidad reproductora... los tratamientos de fertilidad son una solución extraordinaria. Pero recurrir a ellos es todo un despropósito cuando tales problemas no existen. Y una barbaridad mayor si el motivo es retrasar la maternidad por motivos laborales. Y ya que nos lo venden así de fácil que, al menos, nos lean en voz alta la letra pequeña.

       La realidad es que alrededor del 40% de las parejas sometidas a un tratamiento de fertilidad consigue el embarazo, pero a este feliz resultado hay que sumarle un camino a veces demasiado largo hasta llegar del sueño a la meta: aparte del elevado coste económico de los ‘ciclos’ se dan un sinfín de conflictos psicológicos adicionales a tener en cuenta tales como ansiedad, presión social, situaciones indeseadas, sentimientos de culpa y, sobre todo, miedos… a los tiempos de espera, a las pruebas, y los síntomas depresivos que acompañan a un tratamiento fallido. Todo un impacto emocional sin nombrar los efectos secundarios a corto o largo plazo que puede ocasionar en la mujer la medicación suministrada: un buen cóctel de hormonas que puede conducir al riesgo de que se produzca una hiperestimulación ovárica. Y todo no acaba ahí. En este caso nos encontramos con otro riesgo: el de embarazo múltiple, además de los problemas de salud que conlleva como la hipertensión, una excesiva acumulación de líquido amniótico, abortos, partos prematuros, niños con bajo peso o inmaduros... Los inconvenientes que a largo plazo ocasiona en los hijos la avanzada edad de los padres es una cuestión aparte. O sea, problemas que, en el fondo, los dueños de Apple y Facebook no parecen padecer.

jueves, 11 de diciembre de 2014

ABORTO O ADOPCIÓN... HETE AQUÍ LA CUESTIÓN

"Los niños son como las estrellas, nunca hay demasiados" (Teresa de Calcuta)
 
A propósito de las dificultades que atraviesan algunas familias pilareñas que se han introducido en el complicado mundo de las adopciones, y aprovechando que el aborto se trata de uno de los temas más controvertidos del candelero social, permitidme que este mes de sueños millonarios, fiestas entrañables y encuentros familiares abra un pequeño debate con algunos incisos al respecto. Porque ‘aborto’ y ‘adopción’ pueden ir más interrelacionados de lo que a simple vista pueda parecer. El argumento que hoy planteo no es otro que la adopción como alternativa al aborto. Adopciones viables y seguras, sin costosos e interminables trámites, donde la pareja interesada no tenga que tener un patrimonio a la altura de la Casa de Alba para hacer realidad el sueño de ser padres. Y miles de niños y niñas verían la luz alumbrando la vida de otros.

Por eso mismo, me consideraría una ciudadana de una sociedad pródiga en principios y valores si ésta promoviera el respeto a la vida y demostrara mayor interés por la infancia desfavorecida agilizando el proceso de las adopciones siendo, al mismo tiempo, más justa y comprensiva con los solicitantes. Y me parecería más ético que esa misma sociedad, una vez que las medidas de prevención del embarazo han fallado, una vez que ya no es posible echar el tiempo atrás, diera muestras de una mayor sensibilidad orientando a la gestante hacia un final menos drástico, trágico y traumático que el aborto de esa nueva vida. Y digo ‘orientando’ porque la gente en general acaba creyendo que aquello que se legaliza es la mejor opción, o la más correcta, como pasa también con el asunto de la eutanasia... y no es así. La protagonista de ‘Juno’, una película sobre una adolescente que se queda embarazada y que, finalmente, tras barajar la opción del aborto, decide no interrumpir su embarazo y dar a su hijo en adopción, nos sirve de ejemplo.

La prevención es el camino y los políticos de esta sociedad deberían unirse y aunar esfuerzos en pro de la vida en vez de hacer apología constante de la muerte, como es el caso de muchos que se llaman a sí mismos progresistas. Prevenir sí, pero de una manera mucho más íntegra y honesta a como se viene haciendo desde hace años a través de campañas dirigidas a los jóvenes donde este tema se trata, a mi parecer, con cierta frivolidad. La educación sexual que se imparte en colegios, institutos y stands a pie de calle suele centrarse en enseñar a pre adolescentes a colocar preservativos, si es que no se les termina regalando alguna caja o unidades sueltas, sin criterio alguno. Vamos a ver. Incitar no es prevenir. Educar en valores, sí. No se nos vaya a ir el tema de las manos, que hace tiempo que se nos está yendo y mucho.

Estoy a favor de las campañas de Salud Sexual dirigidas a jóvenes y promovidas por nuestro Ministerio de Sanidad, así como otras instituciones y organizaciones que se encargan de ello, claro que sí, pero bajo la supervisión de expertos, con la profesionalidad y la seriedad que requiere el asunto. Porque enseñar a una adolescente a colocar preservativos no le previene de un futuro embarazo indeseado. Porque, como decía anteriormente, una cosa es concienciar y otra incitar. Y digo ‘No al aborto’ porque no es la respuesta. No es la solución. No me parece una actitud ética. Abortar es interrumpir el desarrollo de una vida humana. Y, seamos claros, es una medida que no está exenta de muchos peligros. La publicidad que se le da a ciertas cosas a priori es engañosa y todos lo sabemos. Vender el aborto como una solución ‘segura’, aparte de ser inmoral, es un error porque su práctica conlleva muchos riesgos, además de las secuelas físicas y psicológicas que puede ocasionar en la mujer y su entorno. Pero de eso parece que no conviene hablar…

Al igual que todo médico consagra su vida al servicio de la humanidad a través del juramento hipocrático, de la misma manera la humanidad entera debería posicionarse a favor de la vida concienciando y educando en valores. Con dignidad y respeto. Y puesto que el Ministerio de Bienestar Social y las agencias encargadas de las adopciones (las denominadas ECAIS) eternizan esos trámites de adopción que terminan desmoralizando a miles de parejas españolas que esperan un niño o niña durante años, mientras se pasa la vida y pierden la ilusión (además de una ingente cantidad de dinero, ya que adoptar parece haberse convertido en un lujo o capricho), centrémonos en que todos esos niños que terminarán siendo abortados gracias, en parte, a ciertos programas de propaganda electoral, tengan amor y un hogar ofreciéndoles a las madres el apoyo y orientación adecuados. Por favor, no permitamos que jueguen con todos nosotros mientras se hace negocio con la necesidad de unos y las carencias de otros.

Vivo con la esperanza de que, muy pronto, nuestros ojos se abran ante un mundo mejor, más cálido y humano. Donde se defienda la vida, los derechos de las personas y se actúe con sentido común y en consecuencia. Donde todos tengamos cabida, independientemente de nuestro credo, raza o estado físico. Un sitio donde se hable de vida, de esperanza, y cuando ésta ya no sea posible, la muerte se acepte y se trate como lo que es: una condición más del ser, un cambio de residencia, un cambio de estado de conciencia. Nada más. Una sociedad donde los políticos destinen nuestro dinero a ayudas sociales y residencias de cuidados especiales y dejen de malgastar en comilonas o en el mantenimiento de tradiciones absurdas. Donde a todas las personas que padezcan cualquier clase de discapacidad se les ayude, se les integre (si es posible), y se les asegure un futuro. Un país donde a nuestros gobernantes no les resulte más fácil y barato quitarse de en medio a enfermos y dependientes que invertir en soluciones. Donde no nos engañen con leyes, excusas y política barata. Donde no nos vendan la muerte como una opción más… Luchemos por esa realidad, en pro de la vida. Y con mis mejores deseos de paz, amor y felicidad, termino con una frase de un alma grande: “La imagen de Dios está en ese niño que aún no ha nacido. No lo maten, porque un error no se borra con un crimen” (Teresa de Calcuta). ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

martes, 18 de noviembre de 2014

EL ETERNO DEBATE



¿Dios o azar? Éstas son las mayores incógnitas actuales de la ciencia que se han vuelto a plantear en Tenerife el pasado mes de septiembre, con motivo de la celebración del Festival Starmus, un festival de una semana de duración centrado en la visión puramente científica del origen del universo. Hasta allí, grandes de la élite científica actual, astronautas, premios Nobel y algunos músicos de renombre, se han reunido en torno a un debate sin precedentes… La polémica vuelve a estar servida.

Una cita donde, entre otras ponencias (y por ironías de la vida), el prestigioso físico británico Stephen Hawking jugó a ser Dios negando con rotundidad la existencia del mismo, afirmando cosas como que ‘ningún aspecto de la realidad está fuera del alcance de la mente humana’. Y lo dice una persona de 72 años con una enfermedad motoneuronal relacionada con la esclerosis lateral amiotrófica diagnosticada a los 21 años y que, por ello, debería llevar unos 50 años muerto según la ciencia.

La ciencia actual presenta teorías que pretenden prescindir de Dios en el origen del universo y miles de científicos de todo el mundo las avalan. Ciencia y razón contra religión y fe. Y yo, como siempre, me pregunto: ¿por qué debemos elegir? ¿Por qué debemos separar ambas cosas? Si, como dijeron los grandes místicos, Dios es indefinible, impensable e inimaginable… ¿cómo explicar algo que sólo se puede sentir desde la experiencia? ¿Cómo puede formarse el universo y todo cuanto existe a partir de una explosión, tal y como explica la teoría científica del Big Bang? ¿Puede salir orden del caos? ¿Acaso no se encierra una sabiduría en todo lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos, que sólo ha podido ser diseñada y creada por una inteligencia superior?

Yo creo que la fe es algo innato. Algo que se ve y se siente y no necesariamente está ligada a cuestiones culturales o de tradición familiar. En mi caso, al menos, no ha sido así. Crecí bajo la conciencia absoluta de la existencia de un ser superior, creador de todo cuanto existe, sin la presencia de ninguna clase de imposición religiosa ni haber seguido adoctrinamiento en dogma alguno. Tal vez nos venga dado, a unos, y sea adquirido, por otros. Tal vez. El caso es que me resisto a prescindir del sello de la mano de Dios en todo cuanto es y somos. Porque decir lo contrario es afirmar que nuestra vida, la de los todos los seres que habitamos esta Tierra, no tiene un propósito. Porque no saber de dónde venimos, qué hacemos aquí y hacia dónde vamos, no hace sino que crear una mayor sensación de desconcierto y desánimo en la sociedad actual.

Creo rotundamente que el ser humano es mucho más que lo visible y manifiesto de su condición. Estamos dotados de cuerpo, mente y espíritu, y todos hemos venido a la Tierra con un propósito. Tanta grandeza no puede provenir de una pobreza. Sabios de todo el mundo llevan décadas avisándonos de que esto es así. La realidad es que siempre han habido farsantes que han tratado de encubrir la verdad. El ser humano ha tenido que echar mano de su propio discernimiento para llegar a lo genuino y verdadero, además de haber contado también con seres de luz cuyos testimonios tenemos a mano y que son noticia todavía.

Como planteaba antes, ¿por qué debemos elegir? ¿Por qué debemos separar ambas cosas: ciencia y fe? La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, una de las mayores expertas mundiales en estudios sobre la muerte y los cuidados paliativos, afirmaba la existencia de un mundo espiritual donde el ser sigue existiendo tras abandonar el cuerpo físico. Creencia que defendió hasta el último momento. Estas afirmaciones, llevadas a cabo en múltiples conferencias donde el tema base eran las experiencias cercanas a la muerte y sus fases, basadas en experiencias científicas, estudios personales y multitud de testimonios, no le ocasionaron más que humillaciones por parte de compañeros de oficio.

Por otro lado, la Dra. Marilyn Rossner, colega de la anteriormente citada y colaboradora del Dalai Lama y Teresa de Calcuta, está considerada una de las mejores médiums del mundo aunque su actividad no se circunscribe exclusivamente a sus facultades precognitivas. Rossner es doctora en Ciencias de la Educación y en Educación Especial, experta en terapias de conducta y directora del Departamento de Psiquiatría del Hospital de Montreal (Canadá), entre otras cosas. Gracias al don que posee también lleva décadas dando conferencias por todo el mundo sobre temas tan trascendentales como son la muerte, la reencarnación, la importancia del perdón y, sobre todo, la existencia de Dios como Creador y Sabiduría Suprema.

El tiempo que las grandes almas han profetizado es ahora. Vivimos una etapa donde toda mentira sale al descubierto. Es el triunfo de la conciencia sobre el instinto. Un tiempo donde absolutamente nada puede cambiar la verdad, pero donde la verdad puede cambiarlo todo. Estoy segura que la paz que todos ansiamos está cerca. La crítica, la venganza, la ira, el odio y la incomprensión serán borrados para siempre. Y todo esto en el espacio tiempo: aquí y ahora. Gracias a Dios.

domingo, 28 de septiembre de 2014

DESCRIBIENDO A REMBRANDT: "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO"


 
 Aceptando el reto de mi querido amigo Alberto Gil (para más info. sobre el mismo, clicar en el nombre), espero que la humilde descripción que voy a dejar a continuación sobre mi obra elegida, “El regreso del hijo pródigo” de Rembrandt, esté a la altura de su reto y expectativas.

Espero con ilusión recibir mi premio: un relato inspirado en el cuadro escrito por Alberto, del que ojalá sea merecedora.

Por muchos años de amistad, Alberto, figura querida, y por muchos retos a superar a tu lado. Va por ti.


 
EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO: UNA HISTORIA DE AMOR Y PERDÓN
 

“El regreso del hijo pródigo” es, según se dice, la última obra del genial artista holandés Rembrandt, el maestro del claroscuro y uno de los más importantes pintores del barroco. Este cuadro, realizado en el año 1669, está repleto de simbolismos a través de los cuales el autor pretende mostrar el poder y la ternura de Dios.
 

Las dimensiones del lienzo son 262 cms de alto x 205 de ancho. Aunque son medidas de una pintura destinada a una iglesia, fue adquirido por la Zarina Catalina la Grande e instalado en la residencia de los Zares en san Petersburgo (Rusia) en lo que hoy es el Museo Hermitage.


-Un cuadro con ‘historia’:


“El regreso del hijo pródigo” se inspira en la parábola del hijo pródigo contenida en la Biblia. Es la historia de dos hijos y su padre. El menor, después de pedir a su padre la parte de la herencia que le correspondía, se marcha lejos de casa a vivir un estilo de vida libertina y disoluta. Una vez que ha dilapidado todo el dinero, regresa con la intención de que su padre lo vuelva a admitir aunque sea como criado, ya que no es merecedor de otro trato. Sin embargo, la alegría del padre es tan inmensa que le monta una gran fiesta para celebrar su regreso. El hermano mayor se ofende por la feliz acogida brindada a su indecoroso hermano. Su comportamiento siempre había sido ejemplar y nunca habían celebrado una fiesta en su honor. El padre le hace reflexionar sobre la importancia del arrepentimiento, el perdón y la caridad.
 
 
-Ambientación de la escena:

 
La escena está representada en la puerta de una casa. Una enredadera, o parra, abraza el muro de piedra adornando la entrada. Se deja entrever su recorrido desde la derecha del muro hacia el margen superior de la puerta. El suelo de la calle dibuja una  especie de alfombra bajo los personajes.

 
-Personajes:

 
En la escena aparecen seis personajes, cuatro masculinos y dos femeninos.

 
La escena principal, la figura del padre acogiendo al desdichado hijo menor, no queda centrada en el cuadro, sino a la izquierda. Tras ellos se encuentra la puerta de entrada a la casa. Pese a ello, son los que captan toda la atención. Una luz dorada los ilumina e inunda el rostro del padre, que dirige la mirada hacia abajo resaltando la emotividad de la escena, aunque el núcleo de la misma reside en el gesto sencillo de sus manos. Visiblemente son estos personajes los que concentran la máxima luminosidad del cuadro. Padre e hijo menor, aunque no ocupen el centro de la composición, sí se convierten en el grupo humano más importante del mismo.


Ante el padre y de espaldas, el hijo menor aparece arrodillado, con la cabeza recostada sobre el regazo de su misericordioso padre, en actitud sumisa y arrepentida. Destacan los ropajes de ambos personajes: el padre viste ampulosamente y el hijo viene ataviado con harapos. Es más, los pies del joven reflejan la desdicha y la miseria vividas en los últimos tiempos: el pie izquierdo, descalzo, muestra una cicatriz, al mismo tiempo la sandalia del pie derecho está rota. La ropa es vieja y el personaje ha sido representado con la cabeza rapada.

 
El padre aparece inclinado levemente sobre el hijo menor, con gesto sereno y los ojos ligeramente cerrados en actitud de perdón y misericordia, con las manos delicadamente apoyadas sobre los hombros del hijo. Va vestido con un enorme manto rojo echado sobre los hombros, el cual contrasta con la vestimenta del hijo mayor, quien los observa con atención. Por debajo del manto se entrevén las mangas de una túnica color ocre con reflejos de un dorado verdoso que contrasta con los vestidos harapientos del joven hijo.


A la derecha del cuadro, el hermano mayor observa la escena de perfil, con gesto serio y circunspecto. La tristeza asoma a su mirada, me atrevería a decir, en contraposición a la severa reacción de cólera e indignación que el relato bíblico recoge sobre este personaje. Es más, sus manos, que sujetan una vara de madera que se apoya en el suelo, están recogidas en una actitud que se debate entre la espera, la expectación y la prudencia, y contrastan con las del padre, quien las mantiene extendidas sobre el hijo menor. A pesar de que su vestimenta queda relevada a un segundo plano, ya que la técnica de Rembrandt sobre el juego de luces ha pretendido que sólo destaque su rostro y la posición de las manos, se deja entrever que, al igual que el padre, viste caros y vistosos ropajes, evidencias de una posición acomodada.


Rembrandt consiguió plasmar, con verdadera maestría, muchas emociones.
 

Por otro lado, está el gesto de expectación de los tres personajes restantes que observan la escena desde un segundo plano. Van vestidos con ricos ropajes típicos de la época, aunque apenas se dejen entrever gracias al juego de luces y sombras que utilizó Rembrandt para dotarles de un menor protagonismo en la historia del cuadro. Testigos mudos del regreso, observan la situación desde la penumbra gracias a la técnica utilizada por el autor. Y si bien sus rostros pueden reflejar sorpresa, curiosidad o desconcierto, ninguno de ellos transmite al espectador ni un atisbo de resistencia, resentimiento u hostilidad hacia el recién llegado. Rembrandt consiguió plasmar el espíritu evangélico de la parábola bíblica en todos los personajes de la obra con admirable maestría.


La figura de medio cuerpo de una mujer, asomada desde el lado derecho de la puerta, y que observa la escena de cerca con gesto de curiosidad, centra la escena y contrasta con la lejana figura de otra mujer que, con un velo blanco echado sobre la cabeza e iluminada tan sólo desde medio cuerpo hacia arriba, observa la escena desde el interior de la casa. Esta segunda mujer es el personaje que más alejado de la escena aparece, por lo tanto, su rostro se entrevé ensombrecido y difuso. Como la puerta está ubicada a la izquierda del cuadro, aparece cerca del margen superior izquierdo del cuadro.


Bajo la mujer que se asoma por el margen derecho de la puerta, sentado ante el muro de la casa, asoma un hombre de mediana edad, y aspecto impecable, completando la obra. Se encuentra estratégicamente sentado a la izquierda del hijo mayor. Con mirada fija y penetrante, observa la escena principal con total atención. Lleva un amplio y oscuro sombrero, bigote fino y alargado, y parece golpearse el pecho con el brazo derecho, gesto que hace pensar, junto a la riqueza de sus vestidos, que posiblemente se trate de un administrador. Apoya la mano izquierda sobre la pierna derecha, a la altura del tobillo, aprovechando que la tiene cruzada sobre la izquierda en un expectante gesto que se debate entre la inquietud y el reposo.


Para finalizar, cabe destacar que no menos significativas son la expresividad de la luz, la gama cromática utilizada, la técnica y la sencillez compositiva, la que hacen de este cuadro una auténtica obra maestra del barroco.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

PUEDES Y MERECE LA PENA




Cuando dices que no puedes, tal vez no te hayas detenido a pensar que tú eres capaz de cualquier cosa. Fíjate bien. Cada vez que echaste la vista atrás, hacia el pasado, necesariamente tuviste que darte cuenta que la historia de la humanidad encierra en sí misma un poderoso mensaje de gloria, superación y grandeza. Si pueblos como el egipcio, por citar una de las civilizaciones primitivas más fascinantes, sin apenas contar con las herramientas necesarias para ello y seguramente ataviados con lo más básico, consiguieron levantar monumentos que son, según especialistas en la materia, imposibles de erigir sin la tecnología con la que hoy contamos… tú eres capaz de conseguir lo que te propongas.

No renuncies a un proyecto, grande o pequeño, ni por miedo ni por nada. No te prives a ti mismo de la oportunidad de conseguirlo. Tal vez necesites tiempo o paciencia. Pero recuerda que si está en tu mente, puedes convertirlo en realidad. La mayoría de personas que abandonan una idea, un proyecto, un objetivo o un sueño, normalmente, lo hacen influenciados por la impaciencia y el pesimismo. O tal vez por un mal consejo, como diría Mark Twain, de ‘gente pequeña que trata de empequeñecer tus ambiciones’. Recuerda siempre que sin constancia y esfuerzo no habría nada: ni cine, ni literatura, ni avances tecnológicos y médicos… no habría progreso. Por lo tanto, si tienes el talento para llevarlo a cabo, y el coraje de trabajar sin descanso hasta conseguirlo, será tuyo.

Cuando dices que no puedes, debes saber que la vida es amable con quien lucha y persevera. Nadie está hablando de que sea cómodo o fácil. Nadie está hablando de éxitos inmediatos. Sólo te digo que si trabajas con disciplina, dedicación y método, es imposible que se te resista algo. Si pones toda tu ilusión y entusiasmo en un proyecto, es imposible que no te vaya bien. Porque cuando dices no puedo, puedes siete veces más. Sólo se trata de ser constante y no perder la confianza en uno mismo.

Cuando dices que no puedes, estás enviando una orden muy poderosa a tu cerebro, el que la procesará como si se tratase de ordenador, recordándotelo, más tarde, y cada vez que lo intentes… como bien dijo mi adorado Cabral. Porque cuando dices ‘no’ a aquello que tanto anhelas, no estás teniendo en cuenta el gran potencial que se encierra en tu interior para conseguirlo. Recuerda que todo llega y nunca el tiempo es perdido.

Te he hablado otras veces de él, por eso estoy segura de que lo recuerdas. Mi amigo Alberto Gil, licenciado en Historia, es técnico de biblioteca en la ONCE y un excelente escritor y rapsoda. No es admirable su capacidad para conseguir cuanto desee porque sea ciego total. No es paradigma de superación ni arquetipo y modelo de constancia y tesón por eso. Su ceguera no le concede ningún privilegio, sino todo lo contrario. Es su espíritu de lucha quien le da alas para volar alto. Para viajar constantemente, escribir libros, hacer presentaciones y estar siempre a la última en todo gracias a los avances tecnológicos de los que se preocupa en estar al día.

Alberto me ayuda, me apoya y aconseja constantemente. Su filosofía y sus ganas de vivir y superarse son contagiosas, y esa misma energía y entusiasmo me sirven de impulso y acicate para conseguir también mis objetivos. Es más, me envía interesantes noticias sobre personas que, pese a sus diferentes discapacidades, destacan en aquello que más les gusta superando toda clase de obstáculos, físicos o administrativos. Por sensibilizar, por conciencia, por esa tendencia suya por transmitir valores y compartir aquellas cosas que verdaderamente importan. Sin tratar de esconder el hecho de que, a veces, estas personas (tal vez con mayor frecuencia de la que podamos pensar), también se topan de bruces con el fantasma del desánimo y la frustración. Claro que sí. Pero precisamente eso debe de ser lo que les lleva a seguir al pie de sus luchas diarias. Sin tiempo para lamentaciones. Huyendo de la lástima y la autocompasión... Un aplauso para ellos.

En pago por el cariño y la entrega incondicional que recibo por parte de Alberto y de tantas otras personas que me acompañáis y me dais vida, sólo puedo decirte, querido lector, que tú sí puedes y merece la pena. Que no cejes nunca en tu empeño. Que cuando unas puertas se cierran, otras se abren y lo importante es seguir ante ellas. Como el protagonista de una reciente noticia, por citar un caso, Clinton Sumner, un ciclista ultrafondista de 33 años que se ha propuesto recaudar fondos para una niña gallega que sufre un retraso generalizado del desarrollo debido a una ‘ataxia cerebelosa no filiada’. Este audaz deportista no correrá la vuelta a España, hará algo de mayor valor, recorrerá 1.000 kms de asfalto, sin asistencia externa, sólo por solidaridad. Más de 70 horas pedaleando sin parar por una buena causa y porque nunca se dijo ‘no’ a sí mismo.

‘El principito’ de Antoine de Saint-Exupéry nos enseña: “Es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno de ellos no se realizó’. Así que ya sabes, cuando dices que no puedes, puedes siete veces más. Tú puedes. Tú vales. Y sé de buena tinta que vas a conseguirlo.


Horadada Información

Septiembre de 2014

lunes, 18 de agosto de 2014

AFORTUNADAMENTE, CON EL TIEMPO




Con el tiempo te das cuenta que no vale la pena sufrir por cualquier cosa, que cada uno tiene su propio camino en la vida y unos retos que afrontar. Y comprendes que el sufrimiento es una pérdida de tiempo. Que cada persona se encuentra en un nivel de conciencia determinado. Que debemos respetar el libre albedrío de cada uno. Y que madurar es abrir la mente a esta comprensión y, llegado el momento, debemos dejar a un lado el complejo de ‘salvadores del mundo’, así como también aprender a dejar pasar situaciones y personas… Entonces te das cuenta que la vida se divide en ciclos y que sólo importa el momento presente. Que está todo relacionado. Que quien vive en el pasado pasa demasiado tiempo preocupado por lo que ya ‘no es’. Y quien ‘vive’ preocupado por el futuro sufre de antemano por lo que muy probablemente ‘no será’. Y ves esto, despiertas y adviertes que lo que tanto te preocupaba ayer, hoy apenas tiene importancia, pues madurar es, ante todo, un estado de conciencia que te conduce a aceptar la vida tal cual es, con sus luces y sus sombras, y no como quisieras que fuera.

Con el tiempo también te das cuenta que el ser humano necesita una ilusión para vivir. Tener un proyecto en el horizonte, nuevas metas. Necesita aferrarse a algo que lo motive, que dé sentido a su existencia. Porque la vida ni se pasa ni se detiene, nunca, jamás. La vida no se encierra en un concepto, es tan sólo una suma de experiencias y una sucesión de noches y de días, un simple acuerdo entre las luces y las sombras... Con el tiempo, precisamente por eso, te das cuenta que no es conveniente tener todo lo que se desea, al menos, no al instante, y que es mucho mejor ir conquistando tus metas o deseos poco a poco, ya que aquello que conseguimos con facilidad pierde la mitad de su interés, y casi todo su valor, al momento de ser adquirido.

Con el tiempo te das cuenta que conseguir las cosas con esfuerzo te lleva a valorarlas en su justa medida, y sabes que has madurado cuando sólo te esfuerzas por conseguir aquellas cosas que valen realmente la pena. Y entonces, enamorado de la vida, te percatas de que lo más valioso es lo que menos esfuerzo cuesta: un paseo, una buena lectura, una conversación amena… Descubres el placer de las cosas sencillas, sin la necesidad de alcanzar grandes metas ni de viajar a lugares idílicos para encontrar la paz esperada o el momento perfecto. Aprecias que puedes ser feliz aquí y ahora. Y que realmente ya lo eres, que siempre lo has sido, porque la felicidad es un estado de conciencia que no necesita de estímulos externos para ser ni para estar. Y tomar conciencia de esto es importante porque despiertas de ese sueño de mil noches en los que las sombras sólo juegan su papel haciéndote creer que existe la oscuridad… Todo es luz y todo es conciencia porque toda experiencia y todo suceso, negativo o positivo, es necesario para ‘crecer’.

Y de esta forma, con el tiempo, te das cuenta que en cualquier lugar y situación tu vida puede dar un giro de 180º: en la cola del súper, esperando un amigo, ayudando a un hermano… Cualquier día puede ser ese día que siempre has esperado para hacer ciertas cosas, para emprender un nuevo camino o dar ese paso tan meditado, pues lo que llaman ‘destino’ puede estar a la vuelta de la esquina o al transitar cualquier senda... Sí, hoy mismo puede ser, con toda probabilidad, ese día perfecto que desde hace tanto tiempo estabas esperando.

Y con el paso del tiempo también te das cuenta de que no eres inmortal, que los años pasan, y pasan por algo, que la vida es una sucesión de hechos y una acumulación de experiencias donde no faltan los lances que dan sentido a la existencia. Que si no pasaran los años, no adquiriríamos sabiduría. Que una vida sin inquietudes, sin desafíos, sin metas, es una vida vacía. Que todo cobra mayor sentido cuando el amor es tu bandera. Y que no hay mayor capital que acostarte cada noche con el corazón henchido y la conciencia tranquila.

Acumulas experiencias, abres puertas, cierras ciclos, pierdes esto, ganas lo otro, y comienzas a sentir la vida y a valorar lo realmente valioso. ¡Bien! Un simple café se convierte en una tarde maravillosa en la mejor compañía, y observas maravillado que tu, otrora, mayor enemigo se convierte ahora en tu mejor aliado. Que abrir la conciencia a la felicidad y al bienestar es un viaje sin retorno, un sueño hecho realidad, el paso a una nueva vida. Empiezas a verlo todo con los ojos de la inocencia dormida. Sientes más y sufres menos. Sabes que todo es como debe ser y aceptas tu vida. Tu familia, tus amigos, tus vecinos… todo comienza a ser perfecto. Lo negativo y lo positivo son dos conceptos que dependen de tu actitud para existir. Todo esto, y mucho más, cambia y tiene lugar al despertar la conciencia.

Con el tiempo te das cuenta que siempre fuiste perfecto, aunque te equivocaras continuamente. Puedes sentirte satisfecho porque tus aciertos y tus errores de ayer conforman el ser perfecto que eres hoy. La vida es demasiado corta para desperdiciarla discutiendo, para vivir deprimido y para recordar continuamente el pasado con tristeza o rencor. La vida es aquí y ahora. Todo es conciencia y energía. Y te percatas de ello (contradiciendo a un renombrado escritor y poeta argentino), ‘afortunadamente’, con el tiempo.

lunes, 28 de julio de 2014

LA ASIGNATURA PENDIENTE DE LA HUMANIDAD


 
Si necesariamente tuviera que catalogar a la humanidad, la dividiría según su capacidad de amar, porque esta cualidad se convierte, en definitiva, en el resultado de sus actos. O, dicho de otra forma, lo haría según su nivel de conciencia. Pero como quien ama no juzga, y nadie tiene derecho a clasificar a nadie (ni es ése nuestro objetivo), mejor huir de las catalogaciones que dividen y, por tanto, nos empobrecen, y ponernos desde ya a recorrer el camino que verdaderamente queremos. El camino, la senda, el atajo que sea… cada cual escoge el suyo; lo importante, el resultado, depende de nuestra actitud. Caminando con plena conciencia, amor, buena voluntad y honorabilidad, todos los caminos son buenos y necesariamente nos tienen que conducir al mismo destino.

Es la hora de salir del miedo, del dolor… simplemente porque es lo contrario a lo que queremos. Es tiempo de dejar atrás la confusión y el sufrimiento. Es hora de vivir únicamente el presente y dejar de negarnos a nosotros mismos que hemos venido para la felicidad, el amor y la alegría. Es hora de dejar atrás lo que no sirve y mirar hacia adelante con energía y optimismo. Es hora de olvidarnos de los prejuicios, de los juicios inútiles que nos esclavizan. De los actos repetitivos inconscientes, normalmente transmitidos por las falsas creencias o tradiciones, y que dejan de tener cabida en el mundo de hoy porque la gente ahora ve y piensa por sí misma. Porque ver y pensar por uno/a mismo/a es lo propio y también se trata de una liberación interna. Cuando dejas de hacer lo que te desagrada, evitando en la medida de lo posible lo que pueda suponer un perjuicio para alguien, sabes que vas por buen camino porque eso te hace un poquito más feliz.

Una vez leí en un libro sobre un sistema de sanación tradicional Japonés la siguiente enseñanza: “Los individuos nos dividimos en cuatro categorías: el que no sabe y no sabe que no sabe… ése es simplemente un necio, evítelo; el que no sabe y sabe que no sabe… ése es solamente un simple, enséñele; el que sabe y no sabe que sabe… ése es un durmiente, despiértelo; y el que sabe y sabe que sabe… ése es claramente un sabio, sígalo.” Y yo añado al respecto que tan importante como el conocimiento en una persona, son su humildad y su actitud ante la vida; pues si el verdadero sabio no conjuga sabiduría con humildad y amor, muy probablemente caerá en la suficiencia. Porque puedes ser un erudito en cierta materia, o en el conjunto de todas las ciencias que conforman la vida, pero si no tienes humildad y, por consiguiente, amor para nadie, si no haces las cosas con una elevada conciencia, de nada servirá lo que sabes, de nada servirá lo que haces. Toda tu vida, todo el esfuerzo, habrá sido en vano. Y tras la muerte, otra vez, vuelta a empezar…

Pero volviendo al amor, esa energía creadora que todavía muchos relacionan con las religiones, la espiritualidad o el misticismo, encasillándolo como algo obsoleto: el amor es todo. También es ciencia porque la ciencia tiene conciencia. Fíjate si es importante que hasta en el sector de la medicina, que tanta psicología requiere, hay que tratar el alma. ¿Cómo se trata el alma si no con amor? El ser humano se compone de tres estructuras: cuerpo, mente y espíritu, por eso mismo un buen médico es aquel que trata a sus pacientes teniendo en cuenta todo este conjunto, su totalidad. Por lo tanto, si el espíritu de sacrificio (la vocación) y el amor no van intrínsecamente unidos a cualquier oficio que desempeñemos, todos los esfuerzos por triunfar serán en vano. No se puede llegar a la plenitud si te falta lo principal.

Y si dentro de ese juego al que llaman ‘vida’ no te das cuenta que la dualidad no existe, que todo es parte de una misma cosa, acabarás deprimido. La vida y la muerte son sólo dos conceptos que van unidos de la mano. En cualquier momento la muerte llega, pero el simple hecho de morir no significa que la muerte haya ganado la batalla. No significa que esa enfermedad, indisposición o dolencia, haya vencido. Ni tampoco podemos llamar a nadie ‘desahuciado’ porque en el momento que no tenemos amor, desahuciados estamos todos. Pues la mayor epidemia que puede sufrir la humanidad es el desamor. Por lo tanto, la muerte y la vida, la vida y la muerte… forman parte del ciclo de la vida misma y no deberían de suponer ni un éxito ni un fracaso para nadie.

 La razón, tan metódica ella… tan calculadora, puede o no equivocarse. Bien. Tenemos derecho a ambas cosas. Pero quien atiende a los impulsos del corazón sabe que acertará seguro porque éste no falla nunca. El corazón es sabio porque siente. El corazón tiene sensibilidad porque ama, no juzga. Aunque posee la capacidad de analizar y juzgar, no lo hace, se enfoca en lo que realmente ‘es’ dejando a un lado lo que ‘no es’. Y, como decía la Madre Teresa de Calcuta: ‘Si juzgas a la gente, no tendrás tiempo para amarla’. Entonces, si sigues el camino, la senda o el atajo que te aporta mayor felicidad, tendrás también que enfocarte en lo que sí ‘es’.
 
Ama tus células, y tu cuerpo sanará. Ama tu profesión y serás el mejor, te dediques a lo que te dediques. Ama la vida, a la humanidad entera, y serás feliz, porque ésta es la asignatura pendiente que tenemos todos. Pero ama sin condiciones. No con el concepto de amor del desdichado y su ego que trata sólo de captar la atención de todos para sí. No con el concepto de amor egoísta del que no respeta la libertad del otro ni comprende que la felicidad individual empieza por amarse uno mismo primero sin llegar a ser egocéntrico ni narcisista. No con el amor que se basa en los intereses y termina por no interesarle nada porque el aspecto material no llena los huecos vacíos del corazón. Si se pretende llegar a algo serio, hay que amar en serio. Ya conozco a muchos que son desdichados por no saber colocar con tiento la pieza sagrada en el puzzle de su vida. No hay tiempo que perder. Todo momento es aquí y todo tiempo es ahora.