martes, 12 de febrero de 2013

PROFECÍAS MAYAS Y CAMBIOS DE CONCIENCIA II

 
Recientemente, tras el aluvión de despropósitos que algunos hemos tenido que soportar sobre el frustrado cataclismo mundial vaticinado por los mayas, aprovecho para dar mi más sentido pésame a los autores del rumor. Probablemente, sin ánimo de exagerar, no estemos ante la mayor campaña de manipulación de datos y desprestigio de la historia, pero el hecho en sí ha comportado bastante repercusión mediática, que es lo más sorprendente y preocupante: desde decenas de libros hasta las películas de cine más catastrofistas…

No me deja de sorprender la tendencia del ser humano a sembrar el pánico y la incertidumbre en tiempos donde la esperanza y el optimismo deberían ser, más que nunca, nuestros emblemas de identidad. Donde el pesimismo debería combatirse con su opuesto. Donde la única salida, quizás, sea la de cambiar de dirección o buscar una alternativa. Abandonar aquello que no funciona, aunque nos hallamos acomodado a ello, e ir en busca de lo que sí funciona. Pero, en fin, el mismo hecho en sí deja explícita la necesidad que tiene la humanidad de un cambio de conciencia. O sí o sí, he oído decir por ahí muy acertadamente.

En primer lugar debemos entender que no es equitativo analizar un mundo como el mesoamericano prehispánico con el nuestro, radicalmente distinto. Los mayas no pudieron vaticinar la llegada del fin del mundo porque en su cosmovisión no existía el concepto lineal del tiempo que utilizamos en Occidente, basado en una mentalidad apocalíptica heredada de la tradición judeo-cristiana. Observación que suelo incluir en mis novelas: para entender ciertas cosas del pasado, hay que buscar el origen, en la medida de lo posible sumergirse en la mentalidad de esa época y tratar de observarlas desde ese mismo prisma. Ésa es la actitud.

El problema es que en el subconsciente colectivo ha quedado grabado el mensaje de que los mayas se equivocaron, y es probable que este hecho pase así a la historia, como tantos otros. Pero no, no lo hicieron, puesto que ellos no vaticinaron el fin del mundo. Sin embargo, sí anunciaron el fin de una Era que conlleva un necesario cambio de conciencia. El fin del mundo materialista. El fin del mundo del miedo y del odio. Anunciaron que llegaría el momento donde tendríamos la necesidad de transmutar en un nuevo mundo. Un mundo donde la tecnología se utilice para dar luz y energía, y se ponga fin a la pobreza. Algo bastante obvio, desde cualquier perspectiva, ya que si no despertamos, si no nos sumamos al cambio, si no evolucionamos algo más (espiritualmente hablando), si no optamos por costumbres y formas de vida más sanas y respetuosas con nuestros semejantes, con nosotros mismos y con el medio que nos rodea, ya me dirán qué planeta vamos a dejar para nuestros hijos el día de mañana. Porque un mundo de caos y desesperanza es un mundo perdido.

Afortunadamente cada vez son más los que reconocen tener una nueva visión de las cosas y los que afrontan la vida desde el lado de la positividad y el conformismo. A esa transformación se le denomina ascenso de un plano de conciencia a otro superior. Y es que el cambio está sucediendo desde hace años, no es nada nuevo. El inconveniente es que ha saltado a la palestra según el proceder catastrofista que tiene la humanidad a la hora de reaccionar, al considerar el 21 de diciembre como una fecha para el miedo, la discordia y la negatividad. Pero el triunfo es que los cambios se han ido extendiendo a todas las manifestaciones del conocimiento humano desde hace tiempo y lo seguirá haciendo hasta construir un ser humano diferente, capaz de entender e intuir, madurar y generar su aprendizaje positivo ante situaciones objetivamente caóticas en apariencia. Vivimos un nuevo ciclo de conocimiento superior. Y precisamente es en esa conexión donde alcanzamos una comunicación silenciosa y amorosa con el resto de seres, la naturaleza y el universo. Y esta “común unión” no puede generar ningún caos sino armonía, paz y belleza.

A día de hoy podemos decir que existen dos tipos de seres humanos: los que están dormidos y los que están despiertos. El cambio se integra en la capacidad de los que están despiertos para que consigan despertar a los que están dormidos. Felices aquellos que han apostado por disipar los mecanismos del miedo, la ira y el odio. Felices porque estamos viviendo en la Era donde nuestros hijos y nietos vivirán conscientes de su conexión con la fuente siendo los responsables de extender el amor, la abundancia y la paz por toda la Tierra. Benditos sean. Felices todos. 
 

sábado, 9 de febrero de 2013

LA REACCIÓN DE UN SABIO

El bien y el mal se manifiestan continuamente en muchos aspectos de nuestra vida. Y esto es así porque vivimos inmersos en un mundo cuyos moradores se encuentran en continua evolución. A algunas personas, en algún momento de sus vidas, una crítica despiadada, un comentario desproporcionado o una traición, las puede dejar exhaustas, desorientadas, preguntándose continuamente por qué. Sobre todo si esa mala acción proviene de un viejo amigo...
Bien. Para comprender ciertas cosas casi siempre hay que buscar el origen. Saber mirar. Si os ha pasado, buscadlo y veréis…
Nuestras acciones suelen ser proporcionales a nuestro nivel de conciencia, sometido a un continuo crecimiento y expansión.
El nivel de conciencia es el estado evolutivo de la mente de la persona. Aunque hay quienes pasan toda su vida sin evolucionar ni un ápice, pero ese sería un tema extenso y ya se tratará en otro momento.
Vamos a centrarnos en la crítica destructiva. La pregunta ahora es:
¿Por qué una persona con un alto nivel de conciencia, ante una crítica destructiva y despiadada, reacciona como si nada hubiera pasado?
Es sencillo. La respuesta nos la dio Albert Einstein: “Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo estado de conciencia desde el que fue creado”.
Quien no duda en aplicar la célebre ley del Talión para resolver asuntos controvertidos al instante, está revelando un nivel de conciencia bastante primario.
Un verdadero sabio ni se inmuta ante una crítica, por muy destructiva que ésta sea. Y aunque se dijo que “quien calla, otorga”, no lo crean. El silencio no va en su contra porque lo verdaderamente a valorar aquí no es la crítica, sino la acción en sí. Ahora, depende del nivel de conciencia de cada uno valorar si esa acción merece o no esa crítica.
Pero no todos los críticos poseen buen criterio ni un nivel de conciencia alto. Un sabio jamás haría algo semejante. Pues la crítica destructiva maneja aquellas cosas de las que se compone la miseria humana: la envidia, el odio, el rencor... Y ese mismo sabio, como sabe que su juez necesita seguir evolucionando, prosigue su camino, como si nada, apartando la piedra.
 
 *"La conciencia es la brújula del hombre" (Vincent Van Gogh)
 
 *"La justicia es conciencia, no una conciencia personal, sino la conciencia de la humanidad" (A. Solzhenitsyn)
 
 *"Si llevas a cabo una acción vergonzosa, no esperes mantenerla oculta. Aunque lograras esconderla de los demás, tu conciencia sabría dónde está" (Isócrates)

jueves, 10 de enero de 2013

EL ALMA DE ALEJANDRÍA

El Alma de Alejandría - 204 Págs.
        Mi nueva novela, “El Alma de Alejandría”, está dedicada a una de las civilizaciones más grandes y fascinantes de la historia de la humanidad, ambientada en una época incomparable donde la ostentación y el lujo son sinónimo de poder, donde se alaba y venera la belleza, donde las altas clases sociales dominan y someten al pueblo con implacable yugo, donde las conspiraciones y las intrigas se suceden, y el misterio y la ambición convergen…
        La civilización egipcia se desarrolló durante más de 3.000 años. Comenzó con la unificación de varias ciudades del valle del Nilo, alrededor del 3.150 a. C., y se da convencionalmente por terminada en el 31 a. C., cuando el Imperio Romano conquistó y absorbió el Egipto ptolemaico, que desapareció como Estado. “El Alma de Alejandría”, otra “deuda” pendiente que he conseguido saldar conmigo misma, habla de este último período.
         He de confesar que mientras recababa información para la elaboración de esta novela he hallado en la figura de Cleopatra VII un personaje fascinante, de grandes proporciones e infinitas posibilidades, aunque, en detrimento de lo que cuenta la leyenda, la famosa reina no parece haber destacado precisamente por su belleza, un hecho discutible desde el punto de vista histórico.
         La imagen que nos muestra de ella la historia es contradictoria porque, en parte, está basada en los ataques de los escritores y poetas que ensalzaron la figura de Augusto, su acérrimo enemigo, y en datos indirectos suministrados por historiadores al servicio de la propaganda de los vencedores romanos. Pese a ello, sorprendentemente, las pródigas diatribas de sus adversarios parecen haber ido en pro de engrandecer su persona con el transcurso del tiempo: la Cleopatra VII de nuestros días se nos muestra fresca, culta, misteriosa, exhibiendo un atractivo y unas dotes de seducción indiscutibles, y una inteligencia y capacidad de persuasión magnánima a la hora de conquistar a los hombres más poderosos e influyentes de su época…
          Entonces, según la imagen que ha trascendido de ella: ¿fue realmente Cleopatra VII una mujer ambiciosa, educada en el seno de una familia griega que gobernaba Egipto entre usurpaciones al trono, una vida distendida y relajada, el exilio y crímenes sin resolver? Así se podría resumir la historia de su familia. Pero, ¿cómo juzgar, con la mentalidad de nuestros días, a personajes que vivieron en un período donde el poder y la ambición conducían al hombre a cometer las acciones más crueles contra sus semejantes e incluso contra sí mismo? Es un cometido tan inútil como imposible.
         Siempre nos quedará la duda sobre cuestiones como si su legendaria belleza era real, o si su poder de liderazgo y la habilidad de sus maniobras políticas procedían de su inteligencia ingobernable o únicamente de la influencia que ejercían en ella los consejeros de su círculo más íntimo en su sed de poder. Sea como fuere, ¿qué importa ya? Hablamos del Antiguo Egipto, una civilización desaparecida y misteriosa, unos tiempos donde todo se comprendía como voluntad de los dioses, por mandato divino, poder delegado en la figura del faraón.
         Me quedo con la idea de que, al igual que a la singular protagonista de esta historia, a muchos/as escritores/as como yo también nos mueve la pasión. Porque si no se escribe con pasión, no se escribe. El sentimiento, el entusiasmo, la dedicación y perseverancia que se pone en la elaboración de un libro es aquello que, más tarde, transporta, engancha e incluso llega a fascinar al lector. Y esto es así porque, desde mi experiencia, entiendo que sin sentimiento esos objetivos son imposibles de conseguir. Si un autor no siente su propia obra, si no se introduce, si no cree en ella, estará creando algo sin vida.
        “El Alma de Alejandría” te ofrece un intenso paseo desde la coronación como reyes de Cleopatra VII y Ptolomeo XIV hasta el ocaso de su dinastía, otorgándole al joven faraón la oportunidad de hacerse un hueco en la historia del Antiguo Egipto como no recoge ninguna crónica. Y, como toda novela histórica que se precie, viene enriquecida por el entorno cultural, social y religioso de la época en que se desarrolla, por ello debemos observarla y entenderla bajo ese mismo prisma.
         Que tengáis un Feliz Año Nuevo bajo el amable abrigo de una buena lectura.

martes, 8 de enero de 2013

We Love You

En toda guerra, los que la “hacen”, no toman conciencia ni tienen en cuenta la opinión del pueblo, sólo piensan en sus propios intereses… pero normalmente se trata de quienes lo representan y por ello este último paga siempre las terribles consecuencias.
Tal vez el gesto de publicar este vídeo en un humilde blog como éste no vaya a detener el conflicto árabe-israelí (del que tristemente no he dejado de oír hablar desde que tengo uso de razón), pero vale la pena difundirlo, porque a abrir los ojos a la realidad y a la reflexión se le ha llamado siempre: tomar conciencia.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

PROFECÍAS MAYAS Y CAMBIOS DE CONCIENCIA

            Los mayas no veían en la fecha del 21 de diciembre del 2012 un final, sino un renacimiento, un cambio de conciencia colectiva que dará comienzo a lo que muchos llaman un “nuevo mundo”. Según esta profética visión, en el transcurso de este mes tendrá lugar un hecho sin parangón: el inicio de una nueva Era que resultará y será indicada por el cruce del ecuador galáctico del meridiano solar, donde la Tierra se alineará con el centro de la galaxia.

Las supuestas profecías mayas, según las cuales el mundo se acabará en diciembre del 2012, son fruto de erróneas interpretaciones de los calendarios, signos y símbolos mayas. Para consuelo de muchos, el mundo no se va a acabar en estas fechas; más bien, como os decía, se podría interpretar como el inicio de una Era de significativos cambios y transformaciones… relevantes hechos que parecen estar cogiendo forma desde hace ya algún tiempo.

Al parecer, al amanecer del 21 de diciembre del 2012, va a suceder un fenómeno astronómico muy singular y significativo: el Sol se elevará para coincidir con la intersección de la Vía Láctea y el plano de la elíptica, formándose en el cielo una inmensa cruz. Esta Cruz Cósmica es considerada como una personificación del Árbol Sagrado, el Árbol de la Vida, un árbol recordado en todas las tradiciones espirituales del mundo. Esta alineación con el corazón de la galaxia abrirá un canal para que la energía cósmica fluya a través de la Tierra, purificándola a ella y a todo lo que more sobre ella, elevándolo todo a un nivel superior de vibración. El proceso hace tiempo que ha comenzado. De ahí la importancia de señalar que el solsticio de invierno del 2012 no marca el fin del mundo, sino el fin de una manera de ver y entender las cosas.

Hoy en día nadie duda de la sabiduría del pueblo maya, una de las pocas civilizaciones antiguas que ha sobrevivido a través de los siglos y que casi destruimos los españoles tras la conquista. Una civilización que nos dejó un legado científico y astronómico de incalculable valor. En el área de la astronomía, predijeron con una exactitud impresionante eventos cósmicos como eclipses; calcularon a la perfección las órbitas de los planetas; desarrollaron cálculos sobre los movimientos sinódicos del planeta Venus y sobre los de las manchas solares; desarrollaron el calendario más perfecto que se ha creado, al cual hay que agregarle un día cada 180,000 años; desarrollaron 20 calendarios entre los cuales se encuentran el calendario sagrado Cholq’ij (calendario humano en torno al cual gira todo el mundo maya), el calendario Ab´, (calendario basado en el año solar), el calendario agrícola, el calendario lunar y el calendario venusino, entre otros. Hicieron grandes avances matemáticos. Fueron los primeros en crear el concepto del cero y las fracciones. Desarrollaron un sistema vigesimal que con el uso de sólo tres símbolos (el cero, el punto y la barra) permite hacer todas las operaciones aritméticas, tales como suma, resta, multiplicación, división, raíz cúbica y raíz cuadrada. En arquitectura e ingeniería hicieron avances extraordinarios y construcciones monumentales, como las famosas pirámides. Desarrollaron sistemas de irrigación y construyeron un acueducto subterráneo que se considera la construcción más grande que ha hecho el ser humano. Además, desarrollaron un sofisticado sistema social basado en la teocracia que funcionó a la perfección por miles de años y que se caracterizó por la complementariedad de género entre mujer y hombre.

Tras conocer este breve resumen sobre ellos qué duda cabe de que estamos hablando de unos visionarios que, con siglos de antelación, ya sabían que el hombre de nuestros días acabaría destruyendo cuanto le rodea, a sus semejantes e, incluso, a sí mismo. Y, de hecho, así vivimos en la actualidad, sumidos en una crisis generalizada, una crisis que hunde estructuras y destapa verdades encubiertas, en un período en el cual se está produciendo una convergencia global de destrucción medioambiental, caos social, terremotos y otros desastres como guerras y cambios progresivos en todo el planeta. Estamos viviendo una etapa que requiere cambios urgentes, porque la base en la que estaban asentados muchos de nuestros sistemas no era sólida. Por doquier acampaba a sus anchas el fantasma destructor de la corrupción y la hipocresía. Y quien crea que exagero, tal vez haya visto poco las noticias…

            Estamos viviendo en la Era más importante de los calendarios y profecías mayas. Todas las profecías del mundo, todas las tradiciones, estarían convergiendo ahora. Y, según esta visión, la humanidad continuará de una manera ciertamente diferente al cambiar las estructuras materiales: tendremos la oportunidad de ser más humanos. Y como todo cambio requiere acción, necesitamos trabajar juntos por la paz y el equilibrio. Sean cual sean nuestras creencias, es el momento de despertar. No estamos aquí sin una razón, hemos venido con un propósito importante y ahora se nos brinda la oportunidad de crecer. Necesitamos actuar, introducir mejoras y elegir personas que nos representen, que entiendan y que vayan a decidir acciones políticas para respetar la Tierra.

            Aprendamos de nuevo, si es que lo hemos olvidado, el significado y la importancia de conceptos tales como el amor, el respeto, la tolerancia, el compartir, la gratitud y el perdón. No es nada complejo, nada elaborado. El conocimiento está codificado en la sangre, en los genes, en el ADN de cada persona. Todo lo que necesitamos está dentro de nosotros. Grandes maestros lo han dicho desde un principio: “Encuentren su corazón, y encontrarán su camino”. Pues sólo existen dos maneras de esparcir la luz: siendo la lámpara que la emite o el espejo que la refleja.

viernes, 9 de noviembre de 2012

EL SIGLO DE LAS LUCES...


Empiezo a plantearme seriamente si vivimos en el siglo de la incongruencia, de la intolerancia o de la calumnia, porque de lo que estoy segura es que éste no es el Siglo de las Luces. Y comento esto porque internet es el caldo de cultivo de las difamaciones por excelencia donde todos los extremos se tocan: entras en una página de opinión cualquiera y, o está saturada de comentarios de panegiristas dispuestos a dar su vida en favor de una causa, o nos topamos de bruces con las incoherencias varias de detractores de todas, y en todas las materias posibles. Y es que la sociedad está hecha unos zorros y en pleno siglo XXI parecemos estar más divididos que en los tiempos de las dos Españas...

Quienes conocen mi blog saben que opté por tener que moderar los comentarios de los lectores desde hace bien poco, pese a que, antiguamente, la arriba firmante, como buena defensora de las utopías y la libertad, no lo creía necesario. Pero como, lamentablemente, cuanto más acceso a la educación hay en este país, menos educación parece haber, pues cambio mis costumbres mientras me río de los que se manifiestan a favor de los derechos humanos o la libertad de expresión, y, después, se meten en un blog de manera anónima, dejan sus deyecciones en forma de palabras y salen volando. Así, con inquina, sin dar la cara. Con cobardía, premeditación, alevosía y, quién sabe, si también nocturnidad…

Lo cierto es que a la hora de ir de librepensadores por el mundo, hablando de libertad de expresión y tal y cual, somos estupendos. Pero que cada uno examine su conciencia y dictamine si actúa conforme a ella o primero dice una cosa y luego hace otra. Porque a eso se le llama hipocresía, en mi pueblo y en el de todo el mundo. Pues si exigimos libertad, respeto y todas esas cosas bonitas, también tenemos que ser respetuosos y transigentes con nuestros congéneres, ¿o no?

Muchos pensarán que he cambiado mi estilo o que ando un tanto resabiada, pero no es así. Ni estoy enfadada, ni indignada, ni voy a acampar en la Puerta del Sol. Simplemente se trata de hablar claro. Y resumiendo, y yendo ya al quid de la cuestión, resulta que, el otro día, sin ir más lejos, recibí un mensaje sobre una entrada muy antigua de mi blog. Y para mi sorpresa, en el comentario a aprobar, un/a inteligente anónimo/a me recriminaba el hecho de que dudara de la belleza física de nada más y nada menos que… ¡Cleopatra VII! Tal vez su abuela o él/ella mismo/a en otra reencarnación, ¿quién sabe? La molestia u ofensa sólo se entiende desde la línea de sangre que le puede unir con el susodicho personaje. El hecho es que al escribir esa entrada reparé en efigies de la época que no dejan paso a la duda… pero no sabía ese/a señor/a que no se ofende a quien se quiere, sino a quien se puede.

Pero no piensen que queda todo ahí. En su afán por desprestigiar y ofender a la medida de su inteligencia, emprendió una absurda revancha midiendo la calidad de mis libros y opinando sobre mis objetivos editoriales, a la medida de la animadversión que le había provocado mi artículo. Se me tachó de oportunista, de que mi problema era que envidiaba la belleza de Cleopatra y con el claro objetivo de vender libros… je, je, je. Pero no lo digo yo, no, ya lo dijo José Luis Figuereo, en una de sus últimas canciones: “¡Qué malditas las palabras que se dicen sin conciencia!”

Y no crean que ésta u otra sarta de despropósitos me quita el sueño. En cualquier disciplina, todo autor sabe de antemano que vive expuesto a toda clase de críticas. Es normal, no se puede gustar a todo el mundo. Pero yo pienso que hasta para criticar se debería ser elegante, aunque no estemos en el Siglo de Oro, y (¿por qué no?) también un poco románticos y distinguidos con nuestras diatribas, aunque no vivamos inmersos en el Romanticismo más Becqueriano. Porque señores: se están perdiendo las formas, el respeto y la dignidad. Y tampoco lo digo yo… ¡lo dijo Cleopatra VII! (¡Es broma!)

Y con el humilde propósito de reparar el daño causado por mis desafortunados escritos a ofensores y ofendidos, a bellezas reales y legendarias, aún en detrimento de los poetas y románticos de todos los siglos, por atreverme a hurgar en su género, ahí va un poema para que el que no encuentro ni título que definirlo pudiera.
 

Hasta donde me lleva mi osadía
jugué con placer con las palabras,
a sabiendas que con las letras no se juega,
forjando universos infinitos
para esparcimiento de lectores exquisitos
ávidos de aventuras y de hazañas…
 

Juzgué sin saber que juzgaba,
ofendí sin saber que ofendía,
según una lengua dispar...
Pero sólo por amor y verdad,
por justicia, honor y equidad
mis escritos irradian rebeldía.

 
Burla burda y siniestra,
puñal que viene por la espalda,
verdugo que sin rostro se ensaña…
aunque no hay enemigo pequeño,
inútil ponerle empeño,
pues ni es persona ni es nada.
 

Y como rebatir las becerradas
que sueltan las mentes vacías
implica aceptar la ofensa,
por ello callé sin porfiar,
ya que es saber ancestral
que dejar pasar la tormenta
no conlleva cobardía
y sí desprecia al que afrenta.

sábado, 3 de noviembre de 2012

REFLEXIÓN DEL DÍA


            De todos los caminos a emprender, el amor es el único que nos conduce siempre a buen puerto, siempre, y esto es así porque, sencillamente, sólo el amor es garante de honestidad, autenticidad y dignidad.

            Por eso a aquel que me pregunta cosas como cuál es el secreto de tu felicidad, de tu buen humor, o de tus éxitos, siempre le respondo sin dudar: poner amor en todos los actos, en todo lo que hago, es el secreto. Porque quien ama no miente, no manipula, no critica ni tergiversa, y no hay nada más auténtico y satisfactorio que haber encontrado aquella persona digna de nuestra confianza; aunque, desgraciadamente, vivimos en un mundo sin amor donde reina el egoísmo, la envidia y la vanidad, y por ello es que del débil, de aquella persona de espíritu ingenuo, confiada y sin malicia, muchos intentan aprovecharse porque…


La inteligencia sin amor, te hace perverso. 

La justicia sin amor, te hace implacable.

La diplomacia sin amor, te hace hipócrita. 

El éxito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro. 

La bondad sin amor, te hace servil. 

La humildad sin amor, te hace orgulloso.

La pobreza sin amor, te hace mezquino.

La belleza sin amor, te hace vanidoso.

La verdad sin amor, te hace hiriente. 

La autoridad sin amor, te hace tirano. 

El trabajo sin amor, te hace esclavo.

La sencillez sin amor, te envilece.

La oración sin amor, te hace vano.

La ley sin amor, te esclaviza.

La política sin amor, te hace ególatra. 

La fe sin amor, te hace fanático.

La cruz sin amor, se convierte en tortura. 

La vida sin amor, no tiene sentido.

         Mi propósito en la vida es continuar siendo yo misma pero, haciendo honor a la experiencia, sabiendo también separar el trigo de la paja. Ser demasiado confiados nos conduce a ser temerarios. Ser temerarios nos lleva a arriesgar fuerte. Y el riesgo, normalmente, nos sitúa en callejones sin salida donde sólo reina la oscuridad y el desasosiego.

Suerte que Dios nos ama, suerte que desde el principio es aquel amigo que nunca abandona ni traiciona. Suerte que personifica el amor incondicional y por ello es que nos deja libres, porque confía en nosotros y nos concede siempre una nueva oportunidad.

Pero quien no tiene amor ni para sí mismo y, tras una oportunidad y otra, sigue en el error y por sus propios actos pierde el honor, debe saber que la deshonestidad lleva a la mentira. Y la mentira, como la mala simiente, crece sin control. Y quien miente pierde el control de su propia vida y, con ello, todo lo demás: el honor, la credibilidad, la confianza… Y por sus propios actos queda ya marcado, tanto en esta vida como en otras legislaturas.