sábado, 21 de abril de 2012

HOMENAJE A ESCRITORES LOCALES DE PILAR DE LA HORADADA


El 20 de abril me brindaron la oportunidad de estar en un acto excepcional y entrañable organizado por la Concejalía de Cultura de nuestro municipio. Homenaje presidido por nuestro alcalde, don Fidel Ros, donde experimenté el enorme placer de compartir con mis compañeros de “oficio” gran parte de la afición y el cariño por la literatura que todos sentimos muy adentro y que, con actos así, aflora por cada uno de nuestros poros. Reconocimiento que agradezco encarecidamente a los organizadores desde estas páginas y sobre el que me llena de orgullo escribir; por lo tanto, permitid que exprese mis sentimientos con más o menos rigor y exactitud.

Por primera vez, en la Casa de Cultura, nuestro amable y cordial concejal de Cultura, don Benjamín Fraile, inició el homenaje con una cuidada presentación de los dieciséis autores locales que conformábamos el acto, junto a una reseña sobre nuestras respectivas obras.

Los escritores homenajeados fuimos: José Toro; Francisco J. Sánchez Lizón; Miguel Delgado; Esperanza Carrasco; Gustavo Sánchez; Ana Pomares; Valerie Thunem; José Sánchez; Mª Pilar García; Carmen Álvarez; Carlos Martínez; Javier Pedrero; Juan Manuel Pérez; Amelia Pomares; Miguel Ángel Martínez Mañas y Rosa Sánchez, una servidora.

Y por nuestra parte, una breve lectura de algunas páginas de una obra de nuestra autoría, escogida al efecto, seguía a la presentación; recibiendo de manos de don Fidel, acto seguido y como colofón, un diploma que lleva implícito todo el cariño que nuestro municipio siente por la literatura y la cultura en general. Los autores que no pudieron acudir personalmente al acto por motivos de fuerza mayor, tuvieron la deferencia de enviar en su lugar a personas que los representaban.

Con ocasión de la conmemoración del día del libro, también se premió a los mayores lectores de la Biblioteca Pública Municipal: a Miguel Ángel Martínez en categoría adulta, y a Gloria Mª Tepán en la infantil.

Sí, allí estuvimos, abrigados por el calor de la amistad, entre sinceras muestras de cariño, apoyo y afecto que ponían de manifiesto que en esta profesión la cordialidad y el compañerismo es seña de identidad. Y pude comprobar que a todos los asistentes en general (público, políticos y escritores) nos mueve la misma pasión, el mismo entusiasmo y el mismo respeto por la literatura, puesto que el mundo de las letras tiene la particularidad de reunir y unir corazones en un bello y sentido palpitar.

En definitiva, una delicia de homenaje y una oportunidad para redescubrir el gran talento existente en este bello municipio. Una experiencia única, interesante y enriquecedora que se llevó a cabo de forma amena, cordial y satisfactoria y que nos hizo marchar con el corazón henchido por la grata experiencia y la esperanza de que algún día no muy lejano tengamos la oportunidad de volver a encontrarnos.

Amigos, como pasa en muchos oficios, el trabajo de escritor da muchas satisfacciones pero es algo sacrificado: muchas horas de práctica en soledad y mucho amor en cada línea podía servir como breve descripción. Ver valorado todo ese esfuerzo en un acto tan sentido y sincero, sencillamente… no tiene precio.

NOTICIA DEL ACTO:




 




miércoles, 7 de marzo de 2012

DMD... LOS USUREROS DE LA EUTANASIA


La Asociación para el Derecho a Morir Dignamente quiere que el presidente galo revise su postura contraria a la legalización de la eutanasia en Francia.

-"Señor candidato, ¿debemos ponerle en esta postura para hacer que cambie la suya sobre la eutanasia?", es el mensaje que aparece en los carteles publicitarios junto a la fotografía que publico aquí.

La campaña también usa como imagen a la ultraderechista Marine Le Pen y al centrista François Bayrou, ambos contrarios a la legalización de la eutanasia.

¿Alguien me puede decir por qué el Sarkozy de la foto merece morir? ¿Porque está moribundo ya están pensando en quitarlo de en medio? Observen bien esto, señores, porque muy pronto pasará en nuestro país. Una vida que no es "productiva", no es vida, según ellos.

Personalmente, y con todas las consecuencias, pienso que hay que ser muy usureros (por utilizar un calificativo de los muchos que existen, ya que aplicando la eutanasia la medicina se beneficia mucho muchísimo), para hacer una cosa así de mezquina, ruin y vergonzosa contra la vida.

No hace ni un mes falleció mi padre después de pasar unos quince días entubado en una cama de la UCI. En vida le prometí que no se preocupara porque, si llegaba el caso en que él necesitara de los cuidados paliativos necesarios y correspondientes mientras tuviera un débil halo de vida, la Seguridad Social no iba a escatimar en gastos con él mientras yo viviera.

Mi padre siempre ha sido un señor de conducta intachable, respetuoso y educado de los pies a la cabeza. Un hombre optimista, alegre, honrado, sensible a las injusticias, amigo de todo el mundo, y sobre todo, un trabajador ejemplar. Si ha estado cotizando a la Seguridad Social durante toda su vida con esfuerzo y arrastrando una grave enfermedad desde su niñez, ahorrando a los médicos hasta el desgaste que supone el pisar sus consultas porque se curaba las gripes con "Frenadol" para no perder horas en su trabajo, al que le dedicaba, incluso, algunos fines de semana:

¿Cómo se atreven a insinuar siquiera que esa vida ya no merece la pena y lo más cómodo y económico para todos es aplicarle la eutanasia?
Abran los ojos amigos, pues detrás de eufemismos como llamar "muerte digna" o "derecho a decidir sobre la propia vida" al suicidio asistido, sólo pretenden quitar enfermos del medio con el consiguiente ahorro que ello supone. Hoy en día hay medios para evitar el sufrimiento de toda clase de pacientes.

GRACIAS A DIOS, la EUTANASIA EN ESPAÑA NO ES LEGAL. Porque su médico llegó al punto de comentarnos que esta medida, “por desgracia”, según sus palabras, no se podía aplicar en España, “por el momento”.

viernes, 13 de enero de 2012

EL SIGLO DE LAS LUCES...

Me empiezo a plantear seriamente si vivimos en el siglo de la incongruencia, de la intolerancia, de la apología o de la calumnia, porque de lo que estoy segura es que este no es el Siglo de las Luces. Lo que está claro es que internet esté saturado de incoherencias varias provenientes de panegiristas y detractores de todas, y en todas, las materias posibles. Vivimos más divididos que en los tiempos de las dos Españas, y enseguida entenderéis por qué os habla quien os habla y de qué os habla.
Todos sabéis que opté por la modalidad de moderación de comentarios en este blog hace poco tiempo, ya que, antiguamente, no lo creía necesario. Pero como, lamentablemente, cuanto más acceso a la educación hay en este país, menos educación parece haber, me río de los que se manifiestan a favor de los derechos humanos o la libertad de expresión, y, después, se meten en un blog de manera anónima, dejan su cagadita y salen volando. Así, sin dar la cara. Con cobardía, premeditación y, quién sabe, si también nocturnidad.
Lo cierto es que a la hora de ir de guays por el mundo hablando de libertad de expresión y tal y cual, somos cojonudos. Pero que cada uno examine su conciencia y dictamine si actúa conforme a ella o primero dice una cosa y luego hace la otra. A ver qué va a pasar…
Si exigimos respeto y todas esas cosas bonitas, también tenemos que ser transigentes, ¿o no? Todos tenemos un potencial enorme de bondad para derrochar, pero: ¿sólo con los que nos dan la razón y/o nos agradan?
Muchos pensaréis que he cambiado, pero no es así. Ni estoy enfadada, ni indignada, ni voy a acampar en la puerta del Sol. Simplemente es hablar claro.
Sin ir más lejos, el otro día recibí un mensaje de moderación de comentarios de este blog sobre una entrada muy antigua. La podéis visitar pinchando en el siguiente enlace:

http://lainquietuddelaspalabrasprohibidas.blogspot.com/2010/06/cleopatra-vii.html

Resulta que un/a inteligente anónimo/a me recriminaba el hecho de que dudara de la belleza física de nada más y nada menos que… ¡Cleopatra VII! Tal vez su abuela o él/ella mismo/a en otra rencarnación, ¿quién sabe? La molestia sólo se entiende desde la línea de sangre que le puede unir con el susodicho personaje. El hecho es que al escribir esa entrada reparé en efigies de la época que no dejan paso a la duda. Pero no sabía ese/a señor/a que no se ofende a quien se quiere, sino a quien se puede.
Pero no queda todo ahí. En su afán por desprestigiar y ofender a la medida de su inteligencia, emprendió una absurda revancha midiendo la calidad de mis libros y opinando sobre mis objetivos editoriales, a la medida de la animadversión que le había provocado mi artículo. Se me tachó de oportunista, de que mi problema era que envidiaba la belleza de Cleopatra (¿¿??) y con el objetivo de vender libros (¡¡¿¿??!!). Ya lo dijo José Luis Figuereo, “El Barrio”, en El viejo verano: “Qué malditas las palabras que se dicen sin conciencia…”
Pero esto no lo comento por mí. Todo el que escribe se expone a las críticas, es normal. Pero hay que ser elegantes, aunque no estemos en el Siglo de Oro, y un poco románticos en nuestras críticas, aunque no vivamos inmersos en el Romanticismo más Becqueriano. Se están perdiendo las formas, el respeto y la dignidad. Y no lo digo yo… lo dijo Cleopatra VII. ¡Es broma!
Y pidiendo perdón a ofensores y ofendidos, a bellezas reales y legendarias, y a los poetas y románticos de todos los siglos, aquí os dejo estas rimas, que, en realidad, ni son rimas, ni es un poema ni son ripios.

Que me perdonen los poetas,
pues jamás fue mi intención
pertenecer a la noble casta
de los más altos románticos
y oradores,
pero hasta donde me lleva mi osadía,
jugué sin querer con las palabras,
inconsciente que con las letras no se juega,
mientras estos ripios repetía:

Juzgué sin saber que juzgaba,
ofendí sin saber que ofendía,
creía amar la sapiencia
sin detenerme en escuchar,
discernir, Reflexionar,
mientras en aquello que odiaba
yo mismo me convertía.

Si queréis comprobar lo que os digo, visitad páginas donde se hable de política o religión y sabréis lo que es echar fuego por las letras… El otro día entré en la página del profesor Pepe Rodríguez, quien todo lo que escribe está documentado, y visitad su “purgatorio virtual”. Lo de la Armada Invencible no es nada para lo que se ha montado ahí.
Un saludo y perdonad que no os haya felicitado el año antes. ¡Que tengáis todos un elegante y transigente 2012!

lunes, 21 de noviembre de 2011

LEYENDAS CHINAS...

Hoy ha empezado a rondarme una duda: ¿quién se esconde detrás de algunas leyendas urbanas? La respuesta siempre suele ser toda una incógnita, pues el embustero original nunca es descubierto, pero de lo que no cabe duda es que se trata de la mejor campaña de desprestigio de la historia. Y eso sin hablar de su poder de propagación: el chisme pasa de boca en boca mientras cada uno añade su aportación particular. O sea, que lo que empezó con un sarpullido acaba en un sarnazo, como el famoso chiste.
No hace mucho tiempo acudí a una librería cuando, sin saber de qué manera, la dependienta y yo terminamos hablando de cocina, empezando la conversación en recetas personales y terminando por la desconsideración hacia la comida basura… El hecho es que ocurrió. Nuevamente, otra historia. Una leyenda urbana sobre un Restaurante Chino de mi localidad (que en tan alta estima los tengo), salió al acecho. Y yo, una defensora de esos menús tan sabrosos y tan asequibles (pese a las desafortunadas experiencias que nunca suelo contar para que estos negocios no caigan en demérito, pero que, no obstante, revelaré más adelante), escuchaba a la dependienta con el entrecejo fruncido y los ojos como platos.
-¿Te has dado cuenta que alrededor de un “Chino” nunca hay gatos?
Me limité a sonreír tímidamente acordándome del consuegro de mi hermano mayor, quien presumía de no ir nunca a un Restaurante Chino por este mismo rumor y de los que no sale actualmente.
-Pues no, pero yo voy de uvas a peras…¡La comida no está mal!
-Uy, ¿pero, qué dices? ¿Es que no te has enterado que han cerrado un “Chino” en el Pilar?.. –dijo, dejando caer el anzuelo, aumentando la expectación.
-Pues la verdad es que no. ¿Por qué?
-Uy, pues dicen que un hombre, mientras comía, mordió algo duro… -imaginaros mi cara de expectación: ¡Con lo baratos que son los menús, Dios mío!-: ¡Era un microchip de perro! –concluyó, muy a mi pesar.
-¿Cómo?
-Sí, sí. Y fue a denunciarlo a la Guardia Civil ¡Por eso han cerrado el restaurante!

Después de esta breve reseña, fui a darme una vuelta hasta dar con el restaurante en cuestión. Acto seguido (y pensando en la cerda de escoba azul que un día encontré dentro de un rollito, o en el pelo rubio que descubrí enrollado en la bolita de fresa del postre de mi último menú), visité a una amiga cuyo novio es Guardia Civil.
Contándole el hecho es cuestión, presa de la incredulidad, me mostró sus dudas al respecto argumentando que si algo así hubiera sido notificado en el cuartel, su novio se lo hubiera dicho. A los pocos días me confirmó que no era más que otra leyenda urbana. ¡El restaurante había cerrado por falta de clientela!
Y yo, que tras mis descubrimientos de la cerda azul y el pelo rubio en mi comida, llegué a plantarme seriamente si los Kinder Sorpresa los inventaron los Chinos en vez de una empresa Italiana, llegué sonriendo a mi casa pensando en la socorrida excusa que el dueño del restaurante achacó ante mi último descubrimiento:
-¿Un pelo lubio? Segulo que no es nueltro, señola. Aquí todos tenemos el pelo neglo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LAS FASES DE LA MUERTE

“Una vez que hemos hecho todo el trabajo que nos ha sido encomendado al enviarnos a la Tierra, se nos permite desprendernos del cuerpo, que nos aprisiona el alma como el capullo envuelve a la mariposa, y..." bueno, entonces la persona tiene la más maravillosa experiencia de su vida. Sea cual fuere la causa de la muerte, un accidente de coche o un cáncer (aunque una persona que muere en un accidente de avión o en un incidente similar, repentino e inesperado, podría no saber inmediatamente que ha muerto), en la muerte no hay dolor, miedo, ansiedad ni pena. Sólo se siente el agrado y la serenidad de una transformación en mariposa.
Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas.

Primera fase: En la primera fase las personas salían flotando de sus cuerpos. Ya fuera que hubieran muerto en la mesa del quirófano, en accidente de coche o por suicidio, todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo, y adoptaba una forma etérea; sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, contaba el número de médicos que estaban intentando reanimarla, o veía los esfuerzos del equipo de rescate para sacarla de entre las partes comprimidas del coche. Un hombre dijo el número de matrícula del vehículo que chocó contra el suyo y después huyó. Otros contaban lo que habían dicho los familiares que estaban reunidos alrededor de sus camas en el momento de la muerte.
En esta primera fase experimentaban también la salud total; por ejemplo, una persona que estaba ciega volvía a ver, una persona paralítica podía moverse alegremente sin dificultad. Una mujer contó que había disfrutado tanto bailando junto al techo de la habitación del hospital que se deprimió cuando tuvo que volver. En realidad, de lo único de que se quejaban las personas con quienes hablé era de no haber continuado muertas.

Segunda fase: Las personas que ya habían salido de sus cuerpos decían haberse encontrado en un estado después de la muerte que sólo se puede definir como espíritu y energía. Las consolaba descubrir que ningún ser humano muere solo. Fuera cual fuese el lugar o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. Algunas, al pensar en lo apenados que se iban a sentir sus familiares por su muerte, en un instante se desplazaban al lugar donde estaban éstos, aunque fuera al otro lado del mundo. Otros recordaban que mientras los llevaban en ambulancia habían visitado a amigos en sus lugares de trabajo.
Me pareció que esta fase es la más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo cuando éste ha tenido una muerte trágica y repentina. Cuando una persona se va marchitando poco a poco durante un período largo de tiempo, enferma de cáncer, por ejemplo, todos, tanto el enfermo como sus familiares, tienen tiempo para prepararse para su muerte. Cuando la persona muere en un accidente de avión no es tan fácil. La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido. Por ejemplo, estoy segura de que aquellos que murieron en el vuelo 800 de la TWA estuvieron junto a sus familiares en el servicio fúnebre que se celebró en la playa. Todas las personas entrevistadas recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llamaban los niños. Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que las consolaban con amor y las llevaban a la presencia de familiares o amigos muertos anteriormente. Lo recordaban como momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos.

Tercera fase: Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes, por ejemplo un puente, un paso de montaña, un hermoso riachuelo, en fin, lo que a ellas les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica. Al final veían una luz brillante.
Cuando su guía las acercaba más a la luz, veían que ésta irradiaba un intenso y agradable calor, energía y espíritu, de una fuerza arrolladora. Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa. La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo. Algunos la llamaban Dios, otros decían que era Cristo o Buda. Pero todos estaban de acuerdo en una cosa: se hallaban envueltos por un amor arrollador, la forma más pura de amor, el amor incondicional. Después de escuchar a millares y millares de personas explicar este mismo viaje, comprendí por qué ninguna quería volver a su cuerpo físico.
Pero estas personas que volvieron decían que esa experiencia había influido profundamente en sus vidas. Algunas habían recibido un gran conocimiento, algunas habían vuelto con advertencias proféticas, otras con nuevas percepciones. Pero todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésa es el amor.

Cuarta fase: Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema. Algunos la llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso. Aquellos que se materializaban en esta fase ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentaban la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.
En ese estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos; veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía. Se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena.
Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.
El mayor regalo que hizo Dios al hombre es el libre albedrío. Pero esta libertad exige responsabilidad, la responsabilidad de elegir lo correcto, lo mejor, lo más considerado y respetuoso, de tomar decisiones que beneficien al mundo, que mejoren la humanidad. En esta fase se les preguntaba a las personas:
"¿Qué servicio has prestado?"
Ésa era la pregunta más difícil de contestar; les exigía repasar las elecciones y decisiones que habían tomado en la vida para ver si habían sido las mejores. Ahí descubrían si habían aprendido o no las lecciones que debían aprender, de las cuales la principal y definitiva es el amor incondicional.

La conclusión básica que saqué de todo esto, y que no ha cambiado, es que todos los seres humanos, al margen de nuestra nacionalidad, riqueza o pobreza, tenemos necesidades, deseos y preocupaciones similares. En realidad, nunca he conocido a nadie cuya mayor necesidad no sea el amor. El verdadero amor incondicional.
Éste se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda. No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón; es la fibra común de la vida, la llama que nos calienta el alma, que da energía a nuestro espíritu y da pasión a nuestra vida. Es nuestra conexión con Dios y con los demás.
Toda persona pasa por dificultades en su vida. Algunas son grandes y otras no parecen tan importantes. Pero son las lecciones que hemos de aprender. Eso lo hacemos eligiendo. Yo digo que para llevar una buena vida y así tener una buena muerte, hemos de tomar nuestras decisiones teniendo por objetivo el amor incondicional y preguntándonos: "¿Qué servicio voy a prestar con esto?"
Dios nos ha dado la libertad de elegir; la libertad de desarrollarnos, crecer y amar. La vida es una responsabilidad.”




("La rueda de la vida" - Dra. Elisabeth Kübler-Ross)

viernes, 28 de octubre de 2011

LOS GESTOS DE LA VIDA

El domingo pasado fui a una residencia de ancianos acompañada por mi hija de ocho años. En un gran patio interior, sola y risueña, se encontraba Clara Isabel, una anciana con la que ya habíamos tenido el gusto de conversar en anteriores visitas, sentada frente a un gato. Enseguida, y tal como esperaba, observé que miraba a mi hija con auténtica ternura, con esa mirada amorosa que ya nos era familiar y una expresión de felicidad como he visto pocas veces. Sin poder evitarlo, comenzó a llamarla en ese lenguaje silencioso y tierno que los niños bien conocen. Por eso, como siempre, mi hija me miró para decirme, también sin palabras, que se iba a su lado.
Esta señora, años atrás, fue profesora. Y por la dulzura de su voz, por su trato cariñoso y la delicadeza de sus gestos, observo que acertó en su decisión. Su pasión por los niños unida a su gran vocación para la enseñanza me hace suponer que ha tenido que tener una vida feliz, plena y realizada, pasara lo que le pasara. Aunque hoy viva con la nostalgia y eche de menos la ternura que inspira la fragilidad de un niño, la inocencia que evocan, esa sinceridad exenta de malicia con la que responden o se explican…
Me acerqué y oí su voz, dulce y embelesadora. Ella nunca nos recuerda, pero nos da igual. Da igual que siempre nos haga las mismas preguntas. Da igual que, a veces, mientras habla observemos cómo pierde el hilo de la conversación. No importa porque su actitud de amor maternal siempre nos envuelve como un arrullo que a los más mayores nos transporta a nuestra más tierna infancia. A esos años donde todo era perfecto y todos tus problemas se centraban en averiguar quién te robó el trozo de plastilina o la goma nueva.
–Qué lástima que una cosa tan pequeña –me dijo, de repente, refiriéndose a mi hija–, tan bonita, tan…. –se quedó sin palabras mientras la miraba y, dejando asomar un atisbo de tristeza en sus ojos, paseó su dulce mirada entre ambas y concluyó–: ¡Quién sabe lo que tendrán que pasar estas criaturas que ahora son así… tan frágiles!
–¡Qué razón tiene usted! –respondí observando a aquel pequeño cuerpecito, a aquel rostro diminuto, mientras pensaba en que algún día sería grande y tendría que enfrentarse a los múltiples sinsabores que la vida cotidiana nos depara.

En varias ocasiones he escuchado comentarios en contra de que vayamos acompañados por niños a las residencias de ancianos bajo pretextos tan desacertados como decir, sin más, que “no es lugar para niños”. Me entristece escuchar esto, la verdad. Aunque sean mayores y la mayoría sean muy dependientes, siguen sintiendo y necesitan relacionarse y recibir cariño más que nunca. No olvidemos que, aunque estén bien asistidos, se encuentran apartados de la familia y de todo por cuanto han luchado…
Puede que, en el fondo, lo que se esconde tras esas excusas no sea más que miedo. Miedo a la tristeza y a la soledad que nos evoca la vejez. Miedo a los achaques que ésta conlleva. Miedo a, algún día, tener que depender de otros. Miedo a muchas cosas que no debemos transmitir a los niños. Envejecer y morir es tan natural como ser concebidos y nacer. Es un proceso más del ciclo de la vida. No creo que haya más virus en una residencia de ancianos que en un colegio cualquiera, o, por ejemplo, en un autobús; ni creo que la vejez sea una enfermedad o algo de lo que avergonzarnos. Por lo tanto, mi hija y yo no dejaremos de ir. Nunca me he dejado llevar por comentarios o impresiones ajenas. Y deseo que mi hija siempre opte por hacer lo que su conciencia y su corazón le dicten.

domingo, 9 de octubre de 2011

COMO SI FUERA EL ÚLTIMO...

Esta es la parte que más me ha impactado del famoso discurso que el multimillonario Steve Jobs pronunció en la universidad de Stanford.
Hoy, a escasos días de su muerte, sus palabras viajan del baúl de los recuerdos a nuestras pantallas para recordarnos que nadie valora más la vida como aquel que es consciente que va a morir.
Steve dio buena cuenta de ello, por entonces, gracias a un cáncer. Y cualquiera de nosotros, que nos creemos que por estar sanos somos invulnerables, deberíamos “vivir más conscientemente”, viviendo, como decía Jobs, cada día “como si fuera el último”. De esta forma, cuando llegue el momento, estaremos preparados para “dar paso a lo nuevo”.


“Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón. Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escaneo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirles a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós. Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora les puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo son ustedes, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, ustedes se irán convirtiendo en lo viejo, y van a ser apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. El tiempo de ustedes es limitado, así que no lo gasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejen que el ruido de las opiniones de los demás ahogue la voz interior propia. Y lo más importante, tengan el coraje de seguir a su corazón y su intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.