miércoles, 10 de julio de 2019

DACHAU, UN PASEO POR LAS PROFUNDIDADES DEL INFIERNO


La subida al poder de Hitler y todo lo que aconteció a continuación en la Alemania del Tercer Reich podría considerarse una de las mayores infamias en la historia de la humanidad. Aunque, desgraciadamente, no puedo decir la única. Ha habido cientos de guerras, miles de abusos e injusticias de todo tipo, sin obviar que todavía existen campos de prisioneros en la actualidad y muchas cárceles de hoy no se quedan atrás respecto a aquellos “campos del horror”.

Réplica de la puerta original de entrada al campo de Dachau.
La original está en el museo del campo, tras ser robada y aparecer misteriosamente en Noruega.

En Dachau (Múnich) está el primer campo de “trabajo” que se abrió en Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial. El régimen nazi utilizó la ubicación de una antigua fábrica de munición cuya apertura se había prohibido tras la firma del tratado de Versalles, al término de la Primera Guerra Mundial. Pero Hitler, a pesar de su mediocridad como ser humano, era un auténtico estratega de la mentira y la manipulación y parecía estar mecido por vientos favorables a la hora de dar vida a sus metas y ambiciones. Aprovechó la mala situación económica del país, entre otros acontecimientos que utilizó en su favor, para infundir miedo en el pueblo, en el mismo presidente de la república y fundar un partido que terminaría siendo una vergüenza para Alemania y para el mundo entero. Así tal cual, resumiendo mucho.

Propaganda nazi.
Usaban fotos del primer día de llegada donde los prisioneros
todavía lucen buen aspecto, cabeza sin rapar y sus propias ropas.


La propaganda nazi mintió y utilizó al pueblo desde el principio. Los nazis se guardaban mucho a la hora de dar una imagen ideal de conducta mediante la exhibición de videos y fotografías donde se hacía creer al pueblo que el “enemigo” estaba siendo bien tratado, reeducado en los grandes valores alemanes mediante la disciplina del trabajo para volver a ser integrado en la sociedad. Nada más lejos de la realidad. Por ello, todo civil tenía determinantemente prohibido acercarse a los campos.

Los presos que hubo en Dachau, de diferentes lugares, en cifras.

Todavía hay intolerancia en el ser humano, todavía hay racismo, todavía hay rencor, odio gratuito, absurdo. Cada vez que alguien no es acogido, cada vez que alguien es discriminado, juzgado… en el ámbito que sea, el pasado vuelve. Y sucede cada día, cada momento, en todos los grupos humanos e incluso en el seno de las familias.

Una imagen significativa para representar la magnitud de la tragedia.

Estuve allí, en Dachau. Me paseé por las calles donde otrora se ubicasen los barracones. Estuve en la exposición y vi el vídeo de la liberación del campo. Entré en las salas de aislamiento (bunker) y me perdí en los crematorios. Entré allí, en la cámara de gas, las supuestas “duchas”. Me estremecí con el sufrimiento gratuito y el odio irracional. Por un día fui uno más y no fui nadie. Mi cabeza estaba rapada y mi nombre era un simple número. Conseguí ponerme en el lugar del abusado, del discriminado, del humillado, del torturado… a ratos, aunque sólo fuesen segundos. Demasiado dolor y demasiada incertidumbre. ¿Qué iba a pasar en el minuto siguiente? No sabía. La humedad en el bunker corroía las paredes. El frío entumecedor. Cada minuto era un “regalo” pero ¿con qué finalidad? ¿Por qué valía la pena conservar la vida a cualquier precio? El ser humano ha evolucionado gracias a su instinto de supervivencia. Siempre se espera que suceda “algo”. Un giro, un milagro, algo. Cada cual se aferra a un motivo y existen muchos a los que aferrarse. Un familiar, un amor. Algo o alguien. O ambas cosas.

Edificio donde se interrogaba a los recién llegados
que incluye múltiples celdas de castigo. (Bunker)

¿Por qué nos sentimos identificados con los que sufren? La respuesta es sencilla. Estamos dotados de una conciencia que despierta nuestro instinto de protección, los más nobles sentimientos, y que reacciona frente a la adversidad y a la vulnerabilidad propia y ajena. Conforme evolucionamos moralmente, conforme integramos el lado “oscuro” de nuestra personalidad, se despiertan instintos más y más nobles. Sí, dentro de cada persona de bien también existe un lado oscuro, ese mismo que deja a un lado al corazón y movió a todo este ejército… un lado irracional, agresivo y egocéntrico que nos cuesta reconocer. Instintos primitivos lo llaman. Podemos llegar a ser muy crueles, muy severos con el otro, pero también poseemos cualidades y recursos innumerables para hacer el bien…

Único dispersor de ducha falso que se conserva en la cámara
de gas del campo de Dachau,
los demás han sido sustraídos por los visitantes.

¿Pero qué clase de sentimientos mueven a un maltratador sino son éstos de crueldad e inferioridad? ¿Será que también hay en nosotros un prisionero, alguien discriminado, maltratado, falto de afecto, de amor, de reconocimiento… un estado de nuestro ser deseoso de ser identificado, aceptado e integrado, que quiere destacar y por eso se hace daño y daña? No sé. La vida exige que alcancemos ya el equilibrio… Allí mismo, frente a la cámara de gas, me sentí la víctima y el verdugo. Ya juzgué y fui juzgada. Ya maltraté y fui maltratada. Ya discriminé y me discriminaron... Y también allí me di cuenta que, si uno pierde, nadie gana. Allí. Allí mismo... Sólo nos queda evolucionar.

"Crematorio. Piensa de qué modo morimos aquí".

Equilibrio. Sólo se consigue cuando se alcanza un estado de conciencia llamado Unidad. Cuando “el otro” es una extensión de ti mismo pero cuya singularidad y particularidades deben ser respetadas. Todo es una ilusión de la mente dual… en la división nos sentimos separados “del otro”, en la unidad somos “el mismo”. Es tan fácil y tan difícil a la vez comprender esto…

"En honor a los muertos para que sirva de advertencia a los vivos".

En Dachau, una estatua, junto a los crematorios, dice así: “En honor a los muertos para que sirva de advertencia a los vivos”. Pero poco hemos aprendido de la historia o, tal vez, nos falte información, sensibilidad… o ambas cosas. No sé. Espero que no. Al menos no a partir de cuando te molestas por documentarte bien sobre la verdadera historia.

Escrito en una litera por un visitante: "Never Again". "Nunca más".

Sirva este escrito de humilde reflexión y que cada uno elabore sus propias conclusiones. Que el horror de todo lo sucedido nos sirva para escarmentar en cabeza ajena más que verter críticas o emitir juicio alguno. Personalmente no puedo estar de acuerdo con una ideología que suponga una amenaza para la democracia, la convivencia pacífica, los derechos y las libertades de las personas.

10 de Julio de 2019
Texto y fotografías: Rosa Sánchez ©

1 comentario:

  1. También he estado dos veces en Dachau y tu reflexión, Rosa, es un reflejo de los sentimientos que se han apoderado de mi alma en ambas ocasiones. MUCHAS GRACIAS.

    ResponderEliminar